Hace muchos siglos, una joven llamada Beatriz se unió a los caballeros Crimson Petals, una orden a la que solo podían acceder los tres mejores alumnos de la clase de esgrima del profesor Wininter. En su mayoría, los aspirantes eran hijos de familias nobles.
Beatriz, poseedora de un talento innato para el manejo de todo tipo de armas —físicas y mágicas—, destacó entre todos no solo por su habilidad, sino también por ser la única mujer que se atrevió a postularse para ser caballero de los Crimson Petals.
Con el paso del tiempo, su destreza creció hasta el punto en que sus propios maestros ya no tenían nada más que enseñarle. Se convirtió en una prodigio.
Cinco años después, en el antiguo reino de Mirra, Beatriz —entonces una simple soldado— realizó grandes aportes durante la guerra desatada por una rebelión de un país vecino. Su talento tanto en combate como en estrategia le permitió ascender rápidamente hasta convertirse en teniente coronel.
Bajo su mando, las tropas lograron la victoria.
La capital entera celebró a los valientes caballeros de la orden Crimson Petals y a su líder, la primera mujer caballero, Beatriz. Por las calles llovían flores, bendiciones y gritos de júbilo.
Sin embargo, nadie imaginaba lo que estaba por venir.
El rey de Mirra, consumido por los celos ante la popularidad de la joven, tramó un plan para deshacerse de ella y reafirmar su tiranía disfrazada de justicia y benevolencia.
Al llegar al castillo, las puertas se cerraron tras Beatriz. Mientras su escuadrón era conducido al comedor para disfrutar del banquete, ella fue llevada al salón de audiencias.
El rey la recibió con una sonrisa falsa y palabras envenenadas:
> “Me alegra que hayas traído la victoria al reino… pero me incomodan los rumores que circulan sobre ti. Aun así, me alegra verte con vida… para poder quitártela con mis propias manos.”
Beatriz no podía creer lo que escuchaba. El rey, con una risa burlona, dio la orden a los guardias reales de arrestarla por traición.
Ella forcejeó, exigiendo una explicación por tan absurda acusación, pero el monarca solo añadió otro cargo: intento de agresión contra la familia imperial.
Mientras tanto, la celebración continuaba como si nada. Los sirvientes explicaban su ausencia diciendo que Beatriz seguía en audiencia con Su Majestad.
En su celda, esperando el juicio que tendría lugar al amanecer, Beatriz planeó su escape.
Previendo el desprecio que siempre había sentido del palacio y algunos caballeros, había creado un artefacto mágico capaz de grabar todo lo que ocurría al infundirle un poco de magia. Gracias a él, tenía pruebas de su inocencia… y mucho más.
A la mañana siguiente, sus compañeros exigieron verla, pero se les negó el acceso. Sin embargo, lograron escabullirse hasta su celda, donde Beatriz les mostró la grabación.
Indignados, los caballeros se unieron a su causa.
Beatriz había recopilado pruebas de los crímenes de la realeza: la venta secreta de esclavos, los juicios corruptos y los abusos del trono.
Y así, en plena mañana del juicio, la rebelión estalló.
El reino que alguna vez fue protegido por los Crimson Petals se volvió contra el tirano que lo gobernaba.
Durante una semana, la batalla se extendió por el palacio hasta que el rey y sus aliados cayeron. Lo que quedó fue un país en ruinas… y Beatriz, llorando por las vidas perdidas.
Al final, todos coincidieron en que la única persona digna de liderar el nuevo orden era ella.
Así nació el reino de Beatriz, fundado en su honor.
Durante años reinó con justicia y paz, hasta envejecer junto a su compañero y ceder el trono a su heredero, quien continuó su legado con la misma bondad.
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—¡Wow! No pensé que este viejo y polvoriento libro de la biblioteca real tuviera algo como esto... —murmuró una voz.
¿Cómo es que nunca había oído hablar de esto?
Entre las páginas, una nota con una caligrafía hermosa decía:
> Escrito por Beatriz Moonlight, para mi amada descendencia.
—Entonces… ¿ella fue la antigua reina? —susurró, con los ojos abiertos de asombro—.
No puede ser… esto es una reliquia.