CAPÍTULO 22

1134 Palabras

Abrió los ojos. Todo su cuerpo ardía. Tardó unos segundos en comprender dónde se hallaba. Ya no estaba en el campo de batalla sino en el Bosque de Druwyddrerm. Quiso incorporarse, pero la druida que estaba atendiendo sus heridas no lo permitió. –Descansa –dijo con voz serena. –Mis amigos… –dijo Gwyneviere. La druida la observó con su dulce mirada y colocó unas hojas sobre el muslo de Gwyneviere, que poseía un corte profundo en diagonal desde la cadera hasta la rodilla. –¿Dónde está Vandrell? –preguntó, buscando con la mirada. La druida la miró a los ojos y negó con la cabeza. Terminó de arreglar su vendaje, palmeó su brazo y se dispuso a curar otra herida. Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Gwyneviere. No podía creerlo. Le dolía el estómago. Recordó su bolsillo. Introdu

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