Entonces vinieron semanas difíciles, en las cuales no supe nada en absoluto con respecto a Colton; quién no me mandó mensaje alguno, o llamó por teléfono. Le extrañaba demasiado, y sobre todo en clases, ya que desde que había partido, estas eran bastante más silenciosas y menos interesantes.
-Lo extraño- le dije a Greg, un chico que solía pertenecer a su grupo de amigos más cercanos de aquel entonces,
-No deberías- dijo y llego Vely como un avión aterrizando en sus labios, ambos se miraron con una sonrisa,
-Si creo que soy yo la que hace el mal tercio esta vez-mencioné; a lo que ella asintió sin apartar su mirada de su nueva conquista.
Mientras me apartaba, mi celular vibro indicando la llegada de un nuevo mensaje, así que saqué este del bolsillo de mi pantalón y leí de que se trataba,
Colton: ¿Me extrañas?
Yo: Un poco, he de admitir.
Colton: Ve a tu casillero
Fuí a mi casillero corriendo lo más rápido que pude por culpa de la emoción de aquel momento; fuera de este, había un oso de peluche gigante pegado a la puerta por una de sus orejas, no pude evitar sonreír. Era tan grande que aquella era la única manera que su cabeza estuviera alzada, pero en sí, el oso se arrastraba. Y mi sonrisa se volvió aún más amplia al ver que en la pata de este había una nota. La tomé y miré a mi alrededor, intentaba ver que nadie me viese; lo cual fue tonto, ya que la mayoría de los chicos y chicas, miraban aquel bulto de felpa enorme. Solté un suspiro, y con una sonrisa, leí:
"Extraño hacerte enojar, y curiosamente extraño tu cabello color carbón quemado que olía como tal, al igual que tus ojos, de ese café oscuro para nada atractivo"
Sabía bien, que viniendo de él, aquello si que era un halago, el oso de peluche se empezó a mover y luego se empezó a romper desde adentro, salió un cuchillo de él y empezó a salir una mano llena de relleno, bien contándolo suena gracioso pero cuando lo ves es aterrador, demasiado sádico, solo solté un grito para darme cuenta que la mano era de Colton,
-Eres un sádico ¿Por qué hiciste eso?- dije estaba espantadísima, el me dirigió una mirada con una versión del oso de peluche en miniatura en sus manos, un poco molesto por que al parecer no resultó como él quería que ocurriera,
-Eso me saco por tratar de ser tierno, hubiera preferido un premio de consolación-
-Eres un idiota- dije y lo bese, el me acerco más a él abrazándome con fuerza,
-No has asistido a ninguna de nuestras noches especiales-
La verdad fue un muy lindo detalle pero hubiera sido mejor que no se metiera dentro del oso de peluche y saliera de el descuartizándolo desde adentro.
Simplemente el era perfecto para mi, un perfecto idiota.
Los días seguían pasando, entonces, él llamaba de vez en cuando y me contaba todo de su día; creía que él era demasiado tierno, y hacía demasiadas cosas para hacerme feliz, por lo que asumí que era mi turno, un día, fuí espontánea y llegué de sorpresa a su escuela.
Llegue totalmente perdida, estuve preguntando como una hora si lo conocían y si sabían donde estaba y lo encontré con Christina, ella en cuanto me vio se le abalanzó en cima y lo beso, así tal cual. De golpe sin siquiera permitir que alguien reaccionara,
-Espero no interrumpir-grite, a lo que ella se separó con una sonrisa triunfante en su rostro,
-Que quede claro que yo no bese a Gabriela-
-Me llamo Christina- lo corrigió ella
-Ya lo se, estoy aclarando dudas futuras-