Así como el hombre ha demostrado estar dolido, ella también lo está. Así que, sin pensar en las consecuencias, lo detuvo, se puso de puntillas y le dio una cachetada, dejando sorprendido al hombre que nunca esperó que ella se atreviera a atacarlo. —Arnaldo. Sal de esta habitación… no quiero que duermas aquí esta noche. Puedes ir con tu amante, ya nada de eso me importa. No quiero verte, mucho menos estar cerca de ti cuando lo único que me provocas es asco porque has negado a tu hijo y, eso no tiene perdón, Arnaldo. Juro que un día te arrepentirás y cuando ese día llegue, recordarás esta conversación… recordarás la hora y en qué lugar de la casa te lo advertí. Te vas a lamentar por no haber confiado en mí, entrarás en esta habitación y no nos encontrarás y entonces, solo entonces, nos ex

