Los días siguientes, me la pasé aburriéndome como una ostra. Bash salió de vacaciones a la playa con sus padres y todos sus tíos, Blaine se la pasaba de galería en galería, mi suscripción a Neflix había sido cancelada y papá no quería comprarme otra. Lo único que me salvaba de no morir de aburrimiento, era el Club. Se habían unido centenares de personas que ya éramos casi ochenta, estaba lleno a reventar. Hablaban hasta por los codos. Me encantaba el hecho de que algo creado por Bash y por mí tuviera éxito. Muchos de ellos acudían a mi mediante mi número telefónico para un consejo o simplemente un hombro virtual donde desahogarse. Blaine ni se aparecía por el Club y mucho menos Bash, que debía estar tirado en la arena tomando el sol mientras esclavizando a sus primos para que le echaran

