65. Elevado

1017 Palabras

Darina Mis ojos estallan en lágrimas tras escuchar a mi padre; mi madre, con un leve movimiento en su cabeza me llama para acompañarlos. Entre ambas lo llevamos por los brazos, su cuerpo se siente demasiado débil, su respiración es entrecortada, apenas alcanzamos a llegar a su alcoba. La sanadora con otros maestros, ya se encuentran en los aposentos del Rey, lo acompañamos a recostar, toma la mano de mi madre y la mía y las entrelaza en las suyas. —Todo en esta vida tiene un porque —le cuesta seguir hablando. —Tranquilo amor, no te esfuerces —mi madre acaricia su rostro y limpia las lágrimas en sus mejillas. —Dejame continuar cariño —apenas es un hilo de voz —Darina, mi preciado tesoro —su mano avejentada en segundos, temblorosa por el pasar de los siglos, acaricia mi rostro y yo sol

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