Había pasado un mes desde que perdí al bebé; han sido días difíciles tanto para Bruno cómo para mí pero juntos lo hemos ido sobrellevando. Abrazo a mi pequeño Benjamín y él ríe contento. —Te amo, mami —acaricio su mejilla. —Yo a ti, pequeño —me sonríe con ternura. Bruno ingresa con Naim, quién venía del colegio y viene corriendo para unirse al abrazo. —Hola, mamá —remuevo sus cabellos. —¿Cómo te fue, cariño? —Muy bien —sonríe—. Voy a la habitación para dejar mi mochila —asiento—. ¿Vamos, Benja? —extiende la mano hacia su hermano y los dos suben las escaleras. El italiano se acerca hacia mí con pasos lentos y cuando estamos a escasos centímetros saca de sus espaldas un ramo de girasoles hermosos. —Están muy lindos, italiano —él sonríe. —No tanto como tú, mi dea —coloca su mano en

