Cuando Jared entró a la cocina, vio a Samuel frente a la mesada metálica. Observó el resto de la cocina, se suponía que el capitán y él prepararían la cena, pero el único que estaba allí era Samuel con cara de pocos amigos. A veces el capitán era bastante más descuidado que los demás en cuanto a la disciplina a diferencia de Samuel. Jared se acercó con una sonrisa amable en el rostro, como era costumbre, lo saludó acercándose a la mesada, pero lo único que recibió como respuesta fue un gruñido de parte de Samuel. Esto no lo alejó, al contrario, decidió quedarse allí y ayudarlo. Por un rato, solo se escuchaba el sonido del aceite chisporroteando en el sartén.
—¿Qué ha sucedido con el capitán? —preguntó por fin Jared.
—Se estuvo entreteniendo con Morrow.
Jared lo miró un poco confundido, luego soltó una risita. No podía decir que no se esperaba algo así por parte de Dax, habían hecho la escuela de cadetes juntos, ya conocía a la perfección los juegos del mecánico. Lo que le parecía impresionante era que Christian hubiese aceptado, no parecía el tipo de hombre que curioseaba con un soldado de menor rango. Debía reconocer que Dax sabía perfectamente cómo llamar la atención a cualquiera que le interesase. Ningún superior se había negado a él, por muy estricto que fuera.
—Creo que debemos divertirnos mientras estemos aquí, ¿no crees? —comentó de repente Jared con ligereza.
—Estamos en una misión.
—También estamos atrapados aquí, al menos hasta que la tormenta pase.
Samuel lo miró un poco incrédulo por sus palabras. ¿Divertirse? ¿Realmente pensaba que en esta situación podían divertirse sin más? Era como si se tomaran todo esto a la ligera. Para Samuel, cualquier misión era importante por muy trivial que pareciera. De repente, la voz grave de Bradley llenó la cocina haciendo que los dos se giraran. Estaba cantando una canción bastante vieja, pero que todos conocían. La canción se vio interrumpida por el quejido repentino de Jared cuando, al girarse para saludar a Bradley, empujó el sartén haciendo que un buen chorro cayera en el dorso de su mano. Samuel no tardó en reaccionar y acercarse a él, tomó su muñeca con firmeza, pero tratando de evitar producirle dolor, lo llevó hasta la fregadero para ponerle la mano bajo el agua fría por unos minutos. Jared estaba acostumbrado a sufrir quemaduras o lastimarse, a pesar de manejar a la perfección equipo fino de alta complejidad, era bastante torpe en todo lo demás. Después de lavarle la quemadura hasta asegurarse que el aceite hubiera desaparecido, lo llevó a la enfermería para hacerle las curaciones pertinentes, no lo soltó en ningún momento como si fuera un niño pequeño.
—Eres un idiota, Feng —dijo cuando Jared estuvo sentado en la camilla.
—Solo un poco torpe. —Soltó una risita observando cómo abría el botiquín—. Me alegra que estuvieras allí, nadie actuaría tan rápido como tú.
—Estoy acostumbrado a tratar con emergencias. En el frente no se puede perder un segundo.
Samuel se volvió a él recibiendo una sonrisita. Apartó la mirada mientras se inclinaba a su mano, forzando a centrar su atención en las curaciones que debía hacer en la herida. Una vez hecha, se dedicó a vendar con rapidez, pero sin perder cierta delicadeza para evitar producirle dolor.
—Supongo que no podrás “divertirte” durante unos días con la mano así.
—No necesito la mano, Maddok. La mayoría de las veces ni siquiera debo desvestirme yo.
Por un segundo, la mente de Samuel se abandonó a la imaginación, viendo cómo Jared, completamente sumiso, se dejaba desnudar prenda por prenda por él; dejaba que sus manos se deslizaran por su piel lenta y tortuosamente para ambos; dejaba que su cuerpo fuera su juguete. Miró su rostro encontrándose de nuevo con sus ojos y esa sonrisita que ahora parecía estar teñida de algo que no era ni amabilidad ni simple amistad. Se apartó de él rápidamente para apartar esas imágenes de su cabeza. Se giró al escritorio, donde había dejado el botiquín abierto. Empezó a desinfectar, guardar o tirar lo que había usado. Sintió la mirada de Jared sobre él. Escuchó sus pasos. Sintió su mano pasar por sus hombros, de derecha a izquierda con una lentitud desesperante. Luego, lo dejó solo en la enfermería. Samuel intentó pensar, racionalizar lo que acababa de suceder, pero antes de que pudiera siquiera darse cuenta, ya se encontraba yendo tras Jared, que caminaba despreocupado por el pasillo, silbando la misma canción que Bradley estaba cantando cuando llegó a la cocina. Samuel apresuró el paso para alcanzarlo, pero antes de poder ponerle un dedo encima, Bradley se asomó por la puerta de la cocina buscándolos, él no era el encargado de cocinar esa noche y no iba a hacerlo todo solo. Ambos se detuvieron en la puerta, Samuel, adoptando su voz autoritaria y recta, le indicó a Jared que, por hoy, lo mejor era que descansara su mano, él y Bradley se encargarían de la cena.
Unos minutos después, los tres estaban cenando juntos. Al principio en silencio, luego comentando sobre la ausencia del capitán y Dax. Todos ya sabían dónde estaban ambos, Samuel los había visto cuando fue a la habitación del mecánico, ambos dormidos, abrazados, apenas cubiertos con una sábana que, aún así, dejaban ver cierta desnudez. Los tres comentaban sobre el asunto, a Jared y a Bradley no les importaba demasiado, en las misiones largas, siempre necesitaban distraerse de lo que tenían que hacer. Samuel levantó la mirada de su comida cuando sintió un roce en la pierna, Jared lo observó con una sonrisita antes de dar otro bocado a su comida. Bradley, levantándose con el plato vacío, se disculpó antes de ir a la cocina a dejar su plato y dirigirse a su habitación dejándolos solos. El silencio reinó en el comedor, apenas disipados por el choque de los cubiertos contra los platos cada vez menos frecuentes. Jared aprovechó para rozar nuevamente a Samuel, que lo miró con su usual semblante serio, el topógrafo soltó una risita coqueta antes de levantarse y llevar su plato a la cocina. Samuel escuchó sus pasos alejarse, cerró los ojos unos segundos y meditó la situación. Él no caería en eso, no terminaría poniendo en riesgo la misión solo por un desliz, era suficiente que lo hubieran hecho Dax y Christian, no iba a caer él también en eso y, mucho menos, terminaría arrastrando a Jared, o, mejor dicho, no dejaría que Jared lo arrastrara. Pensó en su toque cuando salía de la enfermería. ¿Realmente estaba considerando esa idea? Estaría poniendo toda la misión en riesgo. Tal vez no era para tanto. Frunció el ceño sintiendo que estaba traicionando ese sentido del deber que lo caracterizaba. Ese tipo de relaciones no estaban aceptadas en el ejército, había quienes decidían no hacer caso al reglamento en el frente, cuando pasaban largos meses o años lejos de sus esposas o novias, muchos caían y no eran reprendidos, simplemente se guardaba el secreto, pero en las misiones, sobre todo con un equipo tan pequeño como el suyo, era mucho más peligroso romper las reglas, él capitán había sido el primero en arriesgarse a terminar en una corte marcial y, si él decidía denunciarlos con sus superiores por desobediencia, caería Dax también. Se levantó con brusquedad y caminó al pasillo sin terminar su cena ni llevar su plato a la cocina. Caminó hasta su habitación encontrándose con Jared en la puerta, parecía esperarlo. Una sensación extraña lo invadió, casi esperaba que estuviera ahí, pero la idea de pasar por una corte marcial le aterraba, podían quitarle su rango, sus condecoraciones, el arduo trabajo que había hecho en sus años de servicio, todo por unos minutos de placer.
—¿De verdad no quieres?
—¿Y terminar en una corte marcial? No me hace gracia, Feng.
Jared soltó una risita ante la reacción de Samuel.
—Nadie denunciará, recuerda que Morrow y Robbins están en infracción también. —Sonrió separándose de la pared en la que estaba recostado—. Pero no te obligaré, Samuel.
El medico no supo qué hizo que en su mente desaparecieran los miedos, si había sido esa forma de pronunciar su nombre, que se le había antojado bastante dulce, o la seguridad de Jared de qué nada pasaría si se involucraban de más, pero, cuando el topógrafo pasó junto a él, lo tomó del brazo para meterlo de un empujón a su habitación. Jared sonrío. Samuel se le acercó y, de un par de tirones, se deshizo de la camiseta del topógrafo, quien no hizo más que sonreír complacido y agarrarle la mano para llevarlo a la cama. Se acostó haciendo que Samuel también lo hiciera quedando sobre él. Sus caras quedaron frente a frente. Para el médico las cosas habían cambiado de repente, ahora deseaba a Jared, su cuerpo hacía que se le olvidara dónde estaba y su posición, al menos la que tenía en la fuerza, era bastante consciente de la que ocupaba en ese instante sobre el cuerpo del topógrafo que no dejaba de rozarlo y guiar sus manos por su cuerpo. Samuel decidió tomar el control de la situación, tomó las muñecas contrarias, levantándolas por encima de la cabeza de Jared y presionándolas contra la cama con una sola mano, que, ahora, hacía ver que las del topógrafo eran diminutas en comparación. Bajó su mano libre a la entrepierna de Jared sin perder un segundo, mientras besaba su cuello arrancándole suspiros que no tardaron en transformarse en gemidos a medida que su mano se movía cada vez más rápido sobre su entrepierna, que estaba cada vez más aprisionada bajo las ropas. Se sintió tentado a rogar que terminara de desvestirlo, pero no hizo falta, el médico pareció leerle la mente y, en cuestión de segundos, se deshizo de las últimas prendas que lo cubrían. Entonces se detuvo para observar el cuerpo de quién tenía debajo. No era distinto a cualquier otro soldado, tenía el cuerpo trabajado por los estrictos entrenamientos que tenían, pero Jared era un poco más pequeño y bajito que la mayoría. Le habría dado cierta ternura si no fuera por el calor que ya nublaba su mente lo suficiente como para inquietarlo y para que quisiera continuar. El agarre en las muñecas de Jared cedió a medida que Samuel bajaba a su entrepierna besando y lamiendo su pecho y abdomen. El topógrafo soltó un gemido cuando sintió su lengua pasar por su longitud desde la base hasta la punta. Llevó la mano hasta el cabello del médico, tirando un poco de él cuando sintió la calidez húmeda de la boca contraria recorrer su m*****o con tal lentitud que parecía una tortura, haciéndolo temblar y gemir su nombre casi con desesperación. Poco a poco, los movimientos de Samuel empezaron a ser más rápidos y fluidos, sintiendo cómo Jared se retorcía rogando por más. Sintió sus músculos tensionarse, haciendo que se apartara y levantara la mirada hacia un Jared jadeante, que le devolvió la mirada casi como un reproche por detenerse. El médico se apartó para desvestirse de una vez, haciendo que el contrario sonriera.
—Déjame tomar el control ahora.
Tomó del brazo a Samuel cuando terminó de desvestirse y tiró de él hasta lograr tirarlo a la cama, se sentó a horcajadas sobre sus piernas. El medico lo observó cuando escupió un poco de saliva en su mano antes de pasarlo por su m*****o de arriba abajo. Luego volvió a hacer lo mismo, pero está vez dejando caer su saliva justo encima de la cabeza del m*****o. Volvió a masajearlo con cierta dedicación intentando esparcirlo a conciencia antes de levantarse un poco para acomodarse. Samuel llevó sus manos a su cintura, tomándolo con cierta fuerza, ayudándolo a bajar lentamente por su longitud. Jared, por su parte, soltó un gemido ahogado sintiéndolo en su interior. Empezó a moverse, al principio con un movimiento lento, pero, pronto, aceleró el ritmo de sus caderas. El médico no se quedó atrás, su cuerpo, como si tuviera mente propia, no tardó en acoplarse a sus movimientos. Los gemidos inundaron la habitación y la mente de Samuel. Levantó la vista, observó las facciones del topógrafo, esa expresión de excitación, el sudor que le perlaba ligeramente la piel, apenas iluminada por una lámpara en su mesa de noche que, al parecer, había dejado encendida cuando salió de su habitación más temprano. La excitación terminó de derribar cualquier barrera en su mente cuando lo escuchó gemir su nombre de nuevo. Samuel tomo las riendas de la situación, ahora lo embestía con fuerza, intentando llegar lo más profundo que pudiese aprovechando la posición. Los gemidos de Jared no tardaron en intensificarse, llenando cada vez más la habitación y la cabeza de Samuel, instalándose ahí, como un eco interminable que lo acompañaría mucho después de aquel encuentro, junto con esa expresión de placer que no abandonaba el rostro. Descubrió, en un pequeño momento de lucidez, que no Jared era su nueva obsesión el tiempo que estuviesen encerrados en ese lugar. Siempre había creído que solo Susan era capaz de provocarlo de tal manera, pero estaba equivocado completamente, Jared supo qué botones presionar para que supiera que no lo olvidaría fácilmente, lo volvería a buscar en cuanto tuviera la oportunidad. De repente se detuvo, el topógrafo lo miró desconcertado y con cierto reproche, Samuel sonrío, lo tomó de la nuca para atraerlo hacia él y besarlo. Aprovechó la distracción para acostarlo en la cama y ponerse sobre él, tomando la parte posterior de los muslos del topógrafo, levantando sus piernas. Volvió a embestirlo, está vez con más fuerza y velocidad, tomando por completo el control del cuerpo del contrario, haciéndolo despegarse cada vez más de la realidad, centrándose en el calor de su cuerpo y el sonido del roce de piel contra piel, sintiendo como tocaba ese punto exacto en su interior que hacía desvanecerse por completo el mundo entero, ahora eran los únicos sobre la Tierra. Ya nada importaba; nadie importaba. Ni siquiera a Samuel le importaba quien los escuchara, después de todo, ahora todos estaban metidos en el mismo juego, todos habían caído en la desobediencia, tenían un acuerdo tácito, todos compartían el mismo secreto y moriría allí una vez que siguieran con su misión de reconocimiento e instalación provisoria. Jared lo tomó de la nuca, levantando su rostro en la dirección al suyo, no dudó en soltar sus piernas dejando que las pusiera en una posición más cómoda cuando terminó de acortar la distancia entre ellos y besar sus labios con desesperación, como si cada beso fuera el último de su vida, apenas separándose para respirar entre las embestidas y los gemidos.
Samuel sintió su bajo vientre contraerse, avisándole que estaba llegando a su límite, volvió a centrarse en las embestidas, subiendo las piernas de Jared a sus hombros, llegando tan profundo como podía, empleando la mayor fuerza con la que disponía, empujando al topógrafo al orgasmo. Tomó sus manos que aferraban las sábanas con fuerza, entrelazó sus dedos cuando, por fin, eyaculó. Pequeñas contracciones le sucedieron al orgasmo. Samuel sintió que sus músculos se relajaban mientras salía del interior de Jared, su mente estaba nublada aún, con una estática que no dejaba que ningún pensamiento lograra aflorar. Se desplomó junto a él, todavía con la respiración agitada y el calor en su piel. Jared lo observó con una sonrisita satisfecha en el rostro, besó una vez más su labios y se levantó para vestirse bajo la mirada de Samuel.
—¿Te vas?
—Me iré a bañar —respondió mientras se calzaba el pantalón—. Estoy seguro que no quieres que alguien venga a buscarte y nos vea juntos en la cama.
—Al carajo con eso. —Jared soltó una risita—. Pero creo que tienes razón, sería imprudente.
—Aunque todo el mundo me haya escuchado ya. —Volvió a reír.
—¿Vendrás otro día si seguimos aquí atrapados?
—Búscame, Maddok.
Mientras terminaba de alistarse, los ojos de Samuel se pasearon por Jared, deteniéndose en la mano del topógrafo.
—¿Cómo está tu mano?
—Se me había olvidado. —Observó su mano antes de sonreírle a Samuel—. Hiciste que se me olvidase hasta el dolor.
Su sonrisa hizo estremecer por completo al médico. Lo saludó con la mano, haciendo un ademán casi femenino, salió del cuarto y se dirigió directamente a la ducha. Se desvistió antes de meterse bajo el agua caliente que ya empezaba a dejar salir el vapor que poco a poco empezaba a llenar las duchas. Se bañó tarareando una canción sin percatarse de la presencia de quien lo observaba desde la puerta con una sonrisa en el rostro y había estado escuchando lo que había hecho con Samuel hacía apenas unos minutos. La noche terminaría siendo bastante más larga de lo que creía en un inicio.