La melodía que escuchaba del otro lado de la habitación me confirmaba que se encontraba allí, además de reconocer su aroma. -¡Dime donde está!- grité al ingresar y toda melodía paró. -Ya me estaba preguntando cuando entrarías- comentó con su típica sonrisa en sus labios. Apreté fuertemente los puños, jurando que algún día le quitaría esa sonrisa de su jodida cara. Su sonrisa se ensanchó. -Me encantaría lograr ver eso- me contestó y un tic se instaló en uno de mis ojos. Lo mataría. -Dime donde metieron a Nicklauss, Alastair porque juro que te arranco la cabeza- le grité ya cansado. Él giró en el banquillo frente al piano para quedar enfrentado a mí, aún sentado. -Sabes que no puedes cumplir tus palabras, así que ¿para qué las dices?- me preguntó ensombreciendo todas su fa

