Después de todo lo que había pasado en Argentina, creía que este momento iba a ser algo prácticamente imposible, pero no, acá estamos sentados alrededor de una mesa en un lindo restaurante, compartiendo una deliciosa cena. Los padres de Neizan y Ulises están sentados del lado opuesto de la mesa del que estamos nosotros mientras que nos cuentan del viaje y lo que paso cuando pasaron por inmigración. Si bien estoy al tanto de lo que dicen, mi cabeza no deja de darle vueltas a la idea de que ahora ellos son mi familia también y que apenas los conozco. —¿Están felices con el embarazo?— Nos pregunta Leandro, y con Neizan nos miramos de inmediato. Él me sonríe y en uno gesto de esos que pueden derretir los polos, acaricia mi pelo —Demasiado felices, tenemos muchos planes juntos y este bebé sol

