Alfa Sebastian giró lentamente la cabeza hacia Hazel, que estaba frente a él. La mirada que le lanzó podría haber congelado el infierno mismo. Nada que ver con aquella cortesía educada de su primer encuentro planeado—lo que tenía ahora era una expresión hecha de hielo puro. "Señorita Hazel", saludó con frialdad. "Qué gusto volver a verte", respondió ella. Hazel se dio cuenta enseguida de su actitud helada. Probablemente pensó que una bienvenida amable ayudaría a suavizarlo. Pero Sebastian apenas si le movió un músculo en la cara. Asintió apenas de manera mecánica antes de girar nuevamente la vista. Ni un "toma asiento", ni una palabra amable. Nada. La dejó plantada ahí como si fuera invisible. Hazel se puso roja en el acto. Irse sería admitir la humillación, pero

