Alfa Yardley soltó esa sonrisa de mando tan suya —esa que decía "lo sé todo"— y que me hizo sentir como si el estómago se cayera por un ascensor estropeado. "Ya tengo clarísimo cuáles rumores son ciertos y cuáles son puro humo," dijo con ese tono de quien anuncia el clima. Tranquilo, como si no acabara de volar mi vida social en mil pedazos. Ay, no tienes idea, Alfa. Tú solo estás intentando forzar a tu hijo a ser lo que no es, como si fuera un proyecto de bricolaje del fin de semana. Y si el Alfa del Manada decide salir con esta novela públicamente, entonces sí que estoy jodida. Vamos, que ya con el Presidente Wiley persiguiéndome a todas horas tenía suficiente estrés. ¿Ahora también tengo que preocuparme porque el jefazo de Silver Peak se meta al show de chismes? ¿

