Ninguna se atrevió a emitir sonido alguno. Y entonces se escuchó claro: alguien estaba manipulando la cerradura. La puerta... simplemente se abrió. Nos levantamos de un brinco, con la adrenalina tomando el control, corriendo directo al baño más cercano. "Ustedes dos—" Ni siquiera terminó la frase, nuestros gritos lo taparon completamente. En el baño, Harper y yo respirábamos entrecortado, pegadas contra la puerta. Afuera, el silencio volvió. De pronto, Harper me agarró con fuerza, los dedos clavándose en mi brazo, y señaló otra puerta a unos pocos pasos. El baño tenía otra entrada que daba al balcón exterior... y estaba abriéndose, despacito, sin hacer ruido. Más allá, solo la oscuridad. Nosotras, orgullosas y racionales, nunca creímos en cosas paranormales.

