"¡Yo puedo sola!" solté, abrazando la bolsa como si fuera oro puro. La abracé contra el pecho, le hice dos nudos y la puse discretamente cerca de mis pies. Sebastian me observó en silencio. "Vámonos," dijo de pronto. Yo seguía debatiendo si tirar todo a la basura cuando él me agarró del brazo y me puso de pie. En un abrir y cerrar de ojos, tomó mi mano. Su palma grande y tibia envolvió la mía entera, con una calidez extraña que me dio una sensación de ¿seguridad? Caminamos unos pasos cuando me acordé de soltarme. "Mi mano..." "¡Sigue andando!" Su tono fue firme, y en vez de soltarme, apretó más fuerte. "¿Qué pasa?" Su tensión empezó a contagiarme. Intenté voltear, pero él me giró la cara de nuevo. "No mires. Nos está siguiendo." ¿Xavier nos estaba siguien

