La luz de la tarde se colaba por las ventanas del hospital mientras Cici White yacía en la cama, furiosa. En los últimos días, Luna Dora había sido extrañamente amable: ayudando a elegir vestidos de novia, revisando las invitaciones, hasta hablaba bien de ella frente a Xavier. Cici realmente había creído que por fin la mujer la había aceptado como la pareja adecuada para su hijo. Aquella noche en la mansión de los White, cuando compartieron copas y Cici acabó haciendo el ridículo de lo borracha que estaba... Luna Dora no estaba intentando acercarse a ella en absoluto. La estaba sonsacando. A través de la niebla de sus recuerdos borrosos, Cici empezó a conectar los puntos. Había hablado demasiado. De Mason. De lo que pasó hace cinco años en aquel cuarto. Y Luna Dora —esa

