Levantó su vaso. "Tanto hablar seguro te dejó seca," murmuró. "Toma, bebe un poco de agua." Mi cerebro se apagó por completo. Ese... era su vaso. En el silencio que siguió, algo muy peligroso se encendió entre nosotros. Me quedé mirando sus labios perfectos, recordando... su sabor. Mi respiración se volvió cada vez más irregular. Tenía las manos empapadas de sudor. "¡Buscaré el mío!" Salí corriendo hacia la cocina. Abrí el refrigerador de golpe y metí la cabeza como si fuera a esconderme del mundo. El aire frío me golpeó cara y mente. De pronto, una voz grave me susurró al oído: "Cecilia, ¿qué estás buscando ahí dentro?" Un brazo fuerte y musculoso se estiró por encima mío mientras una muralla de calor masculino se pegaba a mi espalda. Era tan alto que

