Perspectiva de Cecilia Sebastian se dio cuenta de que yo no podía dejar de mirar su cintura. Se inclinó, tomó mi mano y, a propósito, la llevó hasta su abdomen firme. "¿Qué haces?" Intenté quitarla, pero él ni se inmutó. Mi mano, traicionera, recorrió sus abdominales tensos, y el calor que traspasaba su camisa me cortó la respiración. No me atrevía a mirar hacia abajo, temiendo que mis ojos contaran más de lo que quería. "E-esa chica," balbuceé, tratando de cambiar el tema desesperadamente. "¿De verdad no la conoces?" "Ni de coña," gruñó, sus labios empezando a bajar por mi cuello, mordisqueando justo donde sabía que dolía rico. Sus dedos, ágiles, deshicieron el botón de mi jean en segundos, y el sonido del cierre bajando sonó absurdamente fuerte en el silencio denso

