Al sacar la cajita, todos los recuerdos se me vinieron encima: Xavier jalándome del salón, la oscuridad, las linternas del celular, escribiendo sueños torpemente en hojas sobre las rodillas. "Esto lo vamos a abrir juntos dentro de veinte años", dijo él entonces, con los ojos brillando más que cualquier estrella. Abrí el cofre y tomé solo mi carta. Dejé sus sueños enterrados. "Adiós, Xavier", susurré, sintiéndome libre por primera vez en años. Punto de vista de Xavier Las persianas de la oficina estaban bajadas y la puerta asegurada. Me senté en la silla, los nudillos blancos de tanto apretar la propuesta de Cici—el papel arrugado por completo. Ella sonreía, provocadora. El vestido rojo ajustado como una segunda piel, pegándose a mí, con sus dedos escalando por mis

