Un viernes en la tarde, días después de la confesión de Valeria, Andrés la encontró en la biblioteca. Se acercó a la mesa en donde siempre se juntaban ambos para estudiar y le pidió que salieran a caminar.
-- Valeria, sobre lo que me dijiste el otro día -- comenzó Andrés, una vez que estuvieron fuera. -- Lo siento si no respondí de inmediato. Me sorprendió que fueras sincera conmigo, pero necesitaba tiempo para pensar --
Valeria asintió, su corazón latiendo con fuerza. -- Lo entiendo. No quería presionarte --,
-- Y no lo hiciste Vale -- dijo Andrés, deteniéndose y mirándola a los ojos. -- Valeria, tú también me gustas. Desde el primer momento en que te vi supe que serías especial para mí. Y desde que empezamos a pasar más tiempo juntos he sentido que tenemos sentimientos que son algo más que solo una amistad --
Valeria sintió una oleada de alivio y felicidad. -- ¿¡De verdad!? --
-- ¡Sí! -- respondió Andrés, sonriendo. -- Me encantas, Vale --
Se miraron por un momento antes de que Andrés tomara su mano. Valeria sintió una calidez que la invadía, disipando todas sus dudas y temores.
-- Eres muy importante para mí -- dijo Andrés, apretando su mano suavemente. -- Quiero ver a dónde nos lleva esto --
-- ¡Yo también! -- respondió Valeria, sonriendo con los ojos llenos de alegría. -- Quiero que sea algo especial porque es contigo --
Luego de un momento de ternura, caminaron juntos de regreso al instituto, hablando y riendo, y Valeria sintió que un peso enorme se había levantado de sus hombros. Había dado el primer paso hacia algo maravilloso y, por primera vez en mucho tiempo, se sentía completamente feliz y en paz.
Esa noche al llegar a su casa, Valeria escribió en su diario con una sonrisa en el rostro todo lo que había sucedido esa tarde con Andrés y como se sintió luego de que él le confesará que está enamorado de ella. Sabía que este era solo el comienzo de su historia con Andrés, y estaba emocionada por ver qué les deparaba el futuro.
El encuentro en la biblioteca
El lunes por la tarde Andrés la encontró en la biblioteca, como habían acordado. Era un lugar tranquilo y acogedor, donde Valeria solía estudiar y relajarse. Cuando Andrés llegó, la vio sentada en la mesa de al fondo, rodeada de libros y con una sonrisa radiante en el rostro.
-- Hola, Vale -- dijo Andrés, acercándose y sentándose a su lado. -- ¿Cómo has estado? --,
-- Hola, Andrés -- respondió Valeria, sintiendo que su corazón latía un poco más rápido al verlo. -- He estado bien, aunque un poco nerviosa por todo lo que está pasando --
Andrés sonrió, comprendiendo sus sentimientos. -- Yo también he estado pensando mucho en todo. Pero sabes, estoy feliz. Todo esto me hace sentir que estamos empezando algo realmente especial y lo que más me gusta, es que todo esto está sucediendo contigo. Tú lo haces especial --
Valeria asintió, sintiendo una oleada de cariño y agradecimiento hacia Andrés. -- Yo también estoy feliz, Andrés. Gracias por todo lo que haces por mí --,
-- Siempre, Vale -- respondió Andrés, tomando su mano suavemente. -- Entonces, ¿qué estás estudiando hoy? --
Valeria señaló los libros esparcidos por la mesa. -- Historia, principalmente. Tenemos ese examen importante la próxima semana --
Andrés asintió y sacó sus propios libros. -- Perfecto. Podemos estudiar juntos y asegurarnos de que ambos estemos listos --
Pasaron las siguientes horas estudiando, hablando y riendo juntos. La biblioteca se llenó del sonido de sus voces suaves y la tranquilidad de las páginas pasando. Para Valeria, era un recordatorio de cuánto había cambiado su vida en tan poco tiempo. Se sentía más segura, más feliz y, sobre todo, más conectada con las personas que amaba.
Cuando la tarde comenzó a desvanecerse en la noche, Andrés se inclinó hacia Valeria y le susurró: -- ¿Te gustaría ir a cenar conmigo esta noche? Conozco un lugar cercano que tiene la mejor pizza de la ciudad --
Valeria sonrió, encantada por la idea. -- Me encantaría --
Recogieron sus cosas y salieron de la biblioteca, caminando juntos bajo el cielo estrellado. Mientras se dirigían al restaurante, Valeria no podía dejar de pensar en lo afortunada que se sentía. Con Andrés a su lado, cada día parecía una nueva aventura, llena de posibilidades y momentos para recordar.
Un lugar acogedor
La pizzería era un lugar acogedor y cálido, con luces suaves y una atmósfera relajada. Al entrar, fueron recibidos por el dueño, un hombre amable de mediana edad que les sonrió al verlos.
-- ¡Bienvenidos! ¿Mesa para dos? – les preguntó el dueño con una cálida bienvenida.
-- Sí, por favor, -- respondió Andrés, mirando a Valeria con una sonrisa.
Los llevaron a una mesa junto a una ventana, desde donde podían ver las luces de la ciudad. Valeria se sentó, sintiéndose más relajada con cada minuto que pasaba.
-- Este lugar es encantador -- dijo Valeria, admirando su alrededor.
-- Es uno de mis favoritos. La pizza aquí es increíble -- respondió Andrés, entregándole un menú. -- ¿Alguna preferencia? --,
-- Me gusta la pizza con pepperoni y champiñones -- dijo Valeria, revisando el menú. -- ¿Y a ti, que pizza es la que más te gusta? --
-- Perfecto. A mí también me encanta esa combinación -- respondió Andrés. -- Vamos a pedir eso --
Conversación y Risas
Una vez que hicieron su pedido, la conversación comenzó a fluir naturalmente. Hablaron de todo y de nada, desde sus planes para las vacaciones de verano hasta sus sueños y aspiraciones.
-- Siempre he querido viajar a Italia -- dijo Valeria, sonriendo. -- Me encanta la idea de recorrer las calles de Roma y ver toda la historia de allí --,
-- Italia suena increíble -- respondió Andrés. -- Yo siempre he querido ir a j***n. La cultura, la comida, todo me fascina --,
-- ¿Te imaginas un viaje juntos? -- preguntó Valeria, sonriendo ante la idea.
-- Sería fantástico. Podríamos explorar el mundo y vivir muchas aventuras -- dijo Andrés, tomando su mano sobre la mesa.
La pizza llegó, interrumpiendo momentáneamente su conversación. Era una pizza grande, con una corteza dorada y crujiente, cubierta de pepperoni y champiñones. Valeria se dio cuenta de que Andrés tenía razón: olía delicioso.
-- Vamos a probarla -- dijo Andrés, sirviendo una porción para cada uno.
El primer bocado fue una explosión de sabores. La combinación de ingredientes era perfecta, y Valeria cerró los ojos para disfrutar plenamente el momento.
-- ¡Esto es increíble! -- exclamó Valeria. -- Definitivamente, tienes buen gusto para elegir pizzerías --
-- Me alegra que te guste -- respondió Andrés, riendo. -- Siempre pensé que este lugar tenía algo especial y ahora que lo he compartido contigo lo es más aun --
Momentos Dulces
Después de disfrutar la pizza, pidieron un postre para compartir. Optaron por un tiramisú, un clásico italiano que ambos adoraban. Mientras esperaban, Andrés tomó la mano de Valeria y la miró a los ojos.
-- Vale, esta noche ha sido maravillosa. Me encanta pasar tiempo contigo y conocerte más cada día -- dijo Andrés con sinceridad.
-- Yo siento lo mismo, Andrés. Eres una persona increíble y me haces muy feliz --respondió Valeria, apretando su mano suavemente.
El tiramisú llegó, y la conversación continuó entre bocados del delicioso postre. Rieron, compartieron historias y disfrutaron de la compañía mutua. Valeria se sentía en casa con Andrés, y sabía que él sentía lo mismo.
El Paseo de Regreso
Después de la cena, Andrés sugirió un paseo por el parque cercano. La noche era fresca y agradable, y las luces del parque creaban un ambiente mágico. Caminaban lentamente, disfrutando del silencio y de la compañía mutua.
-- Gracias por esta noche, Andrés. Ha sido perfecto -- dijo Valeria, apoyando su cabeza en el hombro de él mientras caminaban.
-- Gracias a ti, Vale. Me alegra mucho que hayamos pasado este tiempo juntos -- respondió Andrés, rodeándola con su brazo.
Se detuvieron en un pequeño puente que cruzaba un arroyo. El agua reflejaba las luces, creando un espectáculo de destellos en movimiento. Andrés se volvió hacia Valeria y la miró con ternura.
-- Valeria, eres muy especial para mí. Cada momento contigo es un regalo -- dijo Andrés, acercándose con ternura y nervios.
-- Y tú eres muy especial para mí, Andrés. Gracias por hacerme sentir tan feliz -- respondió Valeria, mirándolo a los ojos.
Se acercaron lentamente, y Andrés la besó suavemente. El beso fue dulce, lleno de promesas y sintiéndose como una explosión de fuegos artificiales, recordando todo lo que habían compartido e imaginando todo lo que les esperaba.
Despedida
El paseo los llevó de regreso a casa de Valeria. Se detuvieron en la puerta, ambos sintiendo que la noche había sido mágica. Valeria sonrió, sintiéndose agradecida por todo lo que había vivido.
-- Gracias de nuevo, Andrés. Esta salida ha sido maravillosa -- dijo Valeria.
-- Gracias a ti, Vale. Eres increíble -- respondió Andrés, dándole un último beso de despedida.
Valeria entró en casa, sintiéndose más feliz y segura que nunca. Subió a su habitación, donde Mariana la esperaba con curiosidad.
-- ¿Cómo te fue? -- preguntó Mariana, sonriendo, pero con curiosidad en sus ojos.
-- Fue perfecto, Mari. Absolutamente perfecto -- respondió Valeria, dejándose caer en la cama con una sonrisa.
Mientras se preparaba para dormir, Valeria no podía dejar de pensar en Andrés y en la noche que habían compartido. Sabía que esta era solo la primera de muchas citas maravillosas, y no podía esperar a ver qué les deparaba el futuro juntos.