Capítulo XI

1832 Palabras

Amaro Martin. Al terminar la llamada lanzo el teléfono de mi oficina a un costado, me importa una mierda si tengo que dar dinero para que compren otro. Escucho la puerta de mi oficina, al subir la mirada noto que es mi secretaria, nota el teléfono en el suelo, le detengo con la mirada, ella un poco nerviosa asiente y termina por regresar a lo suyo. Me levanto y tomo camino a la puerta, coloco el aviso de no molestar y luego paso a cerrar las persianas. Regreso a mi escritorio, entro a la página de esa revista y entro a para ver si aún se encuentran esos ‘’chismes’’, me sorprendo al ver que ya el artículo no se encuentra publicado. Me dejo caer con pesadez en la silla y observo el computador, esbozó una sonrisa de lado, ahora puedo saber que es cierto lo que dicen, que la rubia no se deja

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