Los fuertes toques a la puerta logran que despierte alterada y con el corazón latiéndome como loco, volteo a ver a Amaro, este ya se encuentra lejos de la cama y colocándose su pantaloncillo de dormir. Por mi lado, busco algo de ropa de dormir y me visto lo más rápido que puedo, siento como el cuerpo se me eriza por el frio y lo primero que tomo es un edredón. –Lamento arruinarles su rato de pasión –suspiro, porque es el tonto de Noah. –Pero esto no puede esperar a mañana –le observo, Amaro se encamina con él lejos de la habitación y yo les sigo. –Sé que en un rato vienen tus amistades, hermana, pero créeme lo mejor es que les canceles. Estoy tan adormecida que no tengo idea de que horas han de ser, al ver por la ventana me percato que quizás es máximo las seis treinta de la tarde, ya es

