Un mes y medio después. Desayunaba sola porque ya Don había regresado al trabajo, comenzó antes de tiempo pero estaba desesperado por retomar su proyecto, aunque no había dejado de trabajar, nos apoyó a Marlon y a mí con nuestro proyecto. —Señorita, la señorita Luna llegó. —Ah sí, dile que estoy acá en el comedor —respondí. Luna me abrazo fuerte por la espalda y me dejó un beso sonoro en la mejilla. —¿Cómo está mi cuñada favorita? —La única no tienes más hermanos. —Ay no sé, ahora no sé si no tengo más hermanos, tantos secretos —rió. —¿Cómo está tú padre? —Contento de que por fin cenaremos de nuevo como familia. De que Don y él por fin vayan a hablar, no sé si pasó tiempo suficiente pero las cosas están más calmadas ¿no? —Sí, la prensa ha dejado de perseguirnos, después de que s

