Sentí un beso Don en mi hombro y sus manos acariciando mi espalda, abrí los ojos y lo miré con una sonrisa, él me sonrió. —¿Qué tal? —preguntó. —Dormí muy rico. —Y yo. Se subió sobre mí estando yo de espaldas y me abrazó, beso mi cuello y mi espalda. —Mis cosas… —desempaca. —Don. No quiero que si mañana terminamos, deba salir de aquí corriendo, puedo comprar algo… —Lo pondré a tu nombre, te lo regalo, Amanda este lugar es seguro, aún si termináramos no podrías vivir en otro lugar, la prensa, entiende. Le di la razón, asentí con un gesto. En un santiamén tenia novio y un apartamento, un pent-house de lujo. Nada mal Amanda, me dije para mí. Me cargó fuera de la cama con él y me llevó al baño, abrió la ducha y nos besamos bajo el agua, no hicimos más que tontear. Me pegaba mucho a s

