Ese día llegué a casa y Don no estaba, estaba fuera la ciudad. La rabia que sentía no podía pagarla con él. Tuve que darme un baño caliente para relajarme y me sentí tan mal que lloré. No quería llorar. No quería que la palabras de esa mujer me afectaran así pero no lo pude evitar. Más tarde me quedé dormida, me despertó una llamada de Don. Atendí. —¿Cómo fue tu entrevista? Se transmitirá la semana que viene no me dejes así. —Te lo resumo: Pamela estaba allí y dijo que leían justos libros eróticos y que pasaban mucho tiempo juntos.Te admira y la has ayudado mucho. Soltó un suspiro profundo. —Amanda. Hablaré con ella al respecto. Te lo juro que nada de eso es cierto, no le dedico esa clase de atención. —No sé como esto va a funcionar. De verdad no sé Don. Ya estoy agotada. Agotada. Y

