Capitulo 93

2866 Palabras

El eco de mis propias manos resonaba en las paredes de piedra volcánica de la cámara de entrenamiento. Apreté los puños, concentrándome en el calor que burbujeaba en mi pecho, ese fuego extraño que pulsaba bajo mi piel. Me obligué a proyectarlo, a darle forma, pero al igual que los días anteriores, el resultado fue una descarga errática, una llamarada de luz inestable que chisporroteó contra la pared antes de desvanecerse en un rastro de humo ceniciento. Concentración, Alana. Es tu sangre, no tu enemiga. El recordatorio se sentía hueco. Hacía tres días que Kael se había marchado, tres días en los que el frío glacial de su presencia no había vuelto a erizarme la piel. Pero lejos de sentir alivio, el silencio se había vuelto una tortura. Cada vez que bajaba la guardia, mi mente regresaba a

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