Caminábamos de regreso a través del bosque observador, pero ahora todo parecía diferente. Los árboles no me intimidaban; podía sentir sus intenciones curiosas como un zumbido lejano, fácil de aislar si quería. Mi cuerpo estaba agotado, pero mi mente zumbaba con una energía nueva, una mezcla de felicidad por haber logrado controlar algo —por mínimo que fuera— y una expectación punzante por lo que vendría después. La Fiesta del Deshielo, las lecciones, los depredadores… todo se sentía a la vez aterrador y, extrañamente, como un desafío que ya no estaba del todo fuera de mi alcance. A mi lado, Silas avanzaba en silencio. Un silencio más denso que el habitual, menos cargado de esa superioridad burlona y más… pensativo. Su paso era elegante y preciso como siempre, pero su atención parecía esta

