Su cuerpo sobre el mío, mi piel contra la suya, puedo sentir todo el vigor que oculta su ropa, oler el aroma de su piel cuando mi olfato roza su cuello, sentir esos ricos besos los que por mucho me enamoran. No puedo evitar concebir esto como si hubiera pasado años sin que nuestros deseos se encontrarán, sin que la lujuria se apoderara de nuestros cuerpos. Es que al sentir sus dedos escurriéndose por mi cintura, tratando de eliminar el botón de mi pantalón, todo es cómo antes y no me queda más que dejarme llevar porque estallamos de deseo y placer ¡Cielos! No lo puedo creer, aquí mismo me hará suya… —Señora Erika ¡Ericka! —exclama una voz masculina. —¡Sí! ¡Soy tuya!— respondo. —Pero Ericka ¡Ericka! —insiste en llamar mi nombre. —Amor, pide lo que quieras, deja de gritar mi nombre y dis

