Alex Cantábamos el "feliz cumpleaños" rodeados de globos, niños gritando y confeti que parecía multiplicarse por segundos. Pero yo solo podía mirar a Mateo. A ese niño con mis mismos ojos, mi misma forma de reír cuando está emocionado. Su cara iluminada por la felicidad mientras miraba el pastel de dinosaurios. Ese momento valía todo. Absolutamente todo. Y entonces mi mirada se desvió… El muy imbécil de Aarón tenía la mano pegada a la cintura de Azul como si le perteneciera. Reía con ella, se inclinaba demasiado. Me hervía la sangre. Le cortaría la maldita mano si la tocaba un segundo más. No entendía qué carajo hacía ese idiota tan cerca. Azul parecía cómoda, como si nada pasara, como si yo no existiera. Como si no le hubiera dejado algo más grande que cualquier historia fallida: un h

