En el reino de Killan, los magos habían tratado de poner todo en orden, Killian ya se encontraba instalado en el palacio, pero hacia falta algo, su reina ―Secora, ¡buenos días! ―le dijo abriendo la puerta de su alcoba ― ¿Qué quieres Killian? ―quería saber cómo te encuentras ―pues como veras estoy bien, así que te puedes ir ―Killian se dio la vuelta y se fue, pero al poco rato unas criadas tocaron a la puerta ―Buenos días señorita Secora, nos mandó el rey Killian, la ceremonia no tardará en iniciar, tiene que arreglarse ―dijo la criada poniendo el hermoso vestido color carmesí en la cama ― ¿ceremonia? ¿Qué ceremonia? ―la de su boda su Alteza, ya todo esta listo, solo falta usted ― ¿Qué? ¿de qué están hablando? Yo no me casaré ― su Alteza nosotros nada más cumplimos ordenes ―Secora

