Ahora me encontraba esperando al rey del inframundo, me encontraba en lo que era la habitación del trono, atrás mío estaba el camino por donde vine y frente a mí unas gradas que subían y al final tenían puestos dos tronos negros. Uno más grande que el otro, supuse que uno era de Hades y el otro de Perséfone. Todo lo demás eran paredes negras, no había nada brillante, parecía hasta espeluznante si no sintiera la tranquilidad de Themis. Las puertas de atrás mío se abrieron y giré el cuerpo para ver a un hombre alto, vestido con una túnica negra cubriendo todo su cuerpo. Lo supe de inmediato, ese era Hades. Su piel era pálida, casi como un muerto, el cabello lo tenía suelto y caía como una cascada negra por sus hombros, solo había un mechón blanco que bajaba por su mejilla el que desentonaba

