- Narra Lauren - Me estaba duchando para eliminar de mis manos y de mi cuerpo la sensación de culpabilidad. Harald entra en la ducha conmigo y hace que me gire mi cuerpo para quedar frente a él. - ¿Estás bien? – pregunta preocupado. - Sí, no preocupes – respondo. - No es lo que parece – expresa mirando mis manos que se encontraban rojas. - Tengo mis manos manchadas de sangre – resisto las ganas de llorar. - No quería que lo vieras precisamente por esto, no quería que fueran tus manos las que se mancharán de sangre. Yo debía hacerme cargo – me acerco a él y lo abrazo. - Llevaremos juntos la carga, no quiero que solamente seas tú quien siempre manche sus manos de sangre. Déjame ayudarte – le pido. - Lauren... – no lo suelto. - Por favor... – suplico. - No quiero perderte

