Harald me observa en silencio a la espera de que diga algo. - Quiero que traigas a dos vagabundos que tienes en tu poder – le pido. - ¿Estás segura? – pregunta sin una emoción. - Totalmente – respondo. Regreso a la habitación donde estaba Kala y Harald me sigue. Tomo en mis manos un aparato que parecía una mordaza. Y se lo entrego a uno de los hombres que estaban con nosotros para que se la ponga. Ella se resiste, sin embargo, él consigue colocársela. - Sal de aquí – le ordeno y él mira a Harald y este asiente para dar su aprobación. - ¿Qué vas a hacer? – me susurra Harald al oído, pero no le quitó la mirada a Kala. - Hacer que pague – respondo. Me giro hacía a él, rodeo su cuello con mis brazos y lo beso. Nuestro beso era sutil al principio, sin embargo, la intensidad fu

