Traído de otro mundo

4455 Palabras
Corrí lo más rápido que pude sin detenerme en ningún momento. Tenía que huir. Alejarme de esa loca y proteger a Sora. —Aff…aff— cuando al fin me detuve no tenía idea de dónde estaba, pero estaba en alguna calle de la ciudad con… Personas… Mi corazón se aceleró al ver tantos rostros, múltiples personas de diferentes edades y aspectos, todo esto hizo que me temblaran las piernas y estaba totalmente en blanco. ¿Qué hago? ¿Pido ayuda o voy con la policía? Me di cuenta que ni siquiera sabía si estaba en la misma ciudad. Lo mejor sería preguntarle a alguien para ir a la comisaría y por fin dejar a Sora a salvo. Me acerqué a la tienda más cercana para preguntar por una estación de policía o algo así, parecía una tienda de regalos pero no vi a nadie cerca. —D-disculpe— llamé esperando que alguien se acercara—¡D-disculpen! —, volví a llamar y en el fondo se escuchó un ligero quejido antes de que una mujer regordeta y con mala cara se me acercara mientras trataba de poner una sonrisa de atención al cliente. —¿Puedo ayudarle?—me preguntó con calma. …Mi cabeza…me está dando vueltas… La garganta se me secó, me temblaban las piernas y no sabía qué decir, ¿Por qué estaba tan asustado? ¿Era porque estaba hablando con otra persona luego de tantos años? O acaso… —¡Cof! ¡Cof! papá. Sora tosió incómodo mientras se quejaba se movió, lo que me hizo reunir el poco valor que me quedaba y la miré a los ojos. —E-estoy…bus-cando una estación de po-policía—tartamudeé. —No hay ninguna cerca, a menos que quieras caminar diez calles—dijo de mala gana al darse cuenta que no era un cliente. —Va-vale…¿Pu-puede decirme a dónde de-debo ir?—pregunté sintiendo que sudaba a mares y me faltaba la respiración. Ella me miró de arriba abajo antes de darme instrucciones, pero mis piernas temblaban de miedo…demasiado…tenía…mucho miedo…quería correr y alejarme de esa mujer. Cuando terminó de decirme le di las gracias y salí corriendo lo más rápido que pude. A medida que corría la gente me miraba extrañada y aunque trataba de decir algo para pedir ayuda, cuando una mujer se me acercaba mi cerebro sólo me decía que huyera lo más rápido posible. Mi vista se puso tan borrosa que tuve que detenerme, mis piernas que hasta esta mañana no habían hecho ningún ejercicio en años apenas podían sostenerme, ahora me faltaba el aire por otra razón y pensé que se me iba a salir el corazón. Vi un callejón y rápidamente entré luchando por respirar. ¿Por qué de pronto me dio tanto miedo hablar con las mujeres o estar cerca de una? —No me siento bien—pensé cayendo al suelo, podía sentir el sudor corriendo por todo mi cuerpo y tenía escalofríos, todo me daba vueltas, me costaba respirar y quería vomitar. —Papá—Sora me miró nervioso—. Vamo a casa. Miré a mi hijo que me miraba asustado y tuve que hacer todo lo posible por mostrarle calma para que no se asustara más. No estaba sólo…no podía caer en la desesperación... —Si cariño, iremos pronto a casa—le dije besando su mejilla—. Tal vez cuando arresten a esa mujer, tus abuelos sepan la verdad y nos quedemos con ellos, podremos comer todo lo que queramos y te haré los pasteles más deliciosos del mundo. —Disculpe jovencito, no debería estar aquí. Me limpié la cara con el brazo para buscar el origen de esa voz, me encontré con la figura de una persona bajita cubierta con un largo impermeable roto y desgastado revisando un bote de basura, no le podía ver el rostro y la voz sonaba muy ronca para saber si era hombre o mujer. —Este lugar es peligroso y se está haciendo tarde—explicó abriendo otro bote de basura, por lo que supuse era un indigente—. Debes llevar a ese niño a un lugar cálido y seco. —S-si, es que debo ir con la policía pronto—expliqué sentándome en el suelo—. Me tenían secuestrado y debo buscar ayuda. La figura se me acercó curioso y Sora me abrazó más fuerte. —Mmmm ¿Y quién te secuestró, muchacho?—preguntó antes de sacar una especie de frazada antes de pasármela—. Debiste gritar por ayuda o pedir un teléfono. —Yo…s-si creo que debería—dije sorprendido de que no se me pasara por la cabeza—. Debería pedir un teléfono en esa tienda, la pastelería de mis padres también está lejos y no sé si ya han cerrado. —¡Oh! eso suena delicioso—sonrió la persona—. ¿Cómo se llama? Cuando resuelvas el problema me gustaría ir y probar algún dulce. —Claro, es la pastelería Nova Dulce—sonreí un poco nostálgico. Desde que nací, había vivido y crecido en una pastelería que perteneció a varias generaciones de mi familia, en mi familia existía la tradición de que cada generación haría su propia pastelería en otra ciudad y yo no fui la excepción. Me había mudado con mi esposa Samantha y como ella siempre fue una mujer musculosa se encargaba de las tareas duras mientras yo trabajaba en la pastelería, hasta que quedó embarazada y me hice cargo de todo para abrir mi local luego de tanto tiempo de trabajo, la idea era que todo estuviera listo cuando Sora tuviera un mes de vida, inaugurando mi pastelería, al menos esa era la idea. Miré a la persona frente a mí y me extrañó verla tan tensa y nerviosa de golpe. —¿Nova…? Chico, esa pastelería se quemó hace un año. —...¿Qué? Eso…no puede ser… —Al parecer fue una explosión de gas, los dueños murieron dentro—explicó haciendo que cada palabra fuera como un golpe en el estómago cada vez más fuerte—. Mu-muchacho…lo siento mucho. La pastelería… Mis padres…están…¿Muertos? No…no puede ser… Por eso…por eso no me buscaron… Ni siquiera pude despedirme de ellos. Sentí que me faltaba el aire, todo me daba vueltas y si hubiera tenido algo en el estómago lo hubiera vomitado. —Muchacho… La figura se acercó sentándose a mi lado tratando de calmarme. —Escucha muchacho, si sigues aquí me temo que podrían pensar que secuestraste a ese pequeño—me dijo—. Tienes que irte. —...No tengo a donde ir—susurré—. Además…eso no tiene sentido. —Me temo que sí lo tiene—aseguró—. ¿Te secuestró una mujer?—la miré, confundido—. Si lo que me dices es cierto…podría acusarte de secuestrar a tu hijo, siempre a la mujer le creen primero y más si no tienes pruebas. —...Por favor, déjeme solo. Quería llorar ahí, no me importaba nada más. No pude salvar a Sam, no pude despedirme de mis padres…¿Qué me quedaba entonces? La figura se levantó y me miró mostrando unos ojos grises muy llamativos, lo que me inquietó un poco, el resto de su rostro estaba oculta por un pasamontañas por lo que seguía sin saber si era hombre o mujer y de pronto su voz cambió por completo. —Puede que en este momento quieras llorar y liberar ese dolor—aseguró en un tono firme y serio—. Pero ese niño claramente necesita ayuda ¿O piensas dejarlo morir? ¿Qué? Miré a Sora y me di cuenta que estaba temblando y tenía la cara roja. —¡Sora! Me levanté torpemente y lo abrigué lo más que pude, no me había dado cuenta del frío que hacía. —¿Qué hago? Tengo que llevarlo al hospital—dije asustado. —....Creo que puedo ayudarte con eso—aseguró sacando una especie de colgante de su impermeable—. Sigue por este camino y llegarás al parque, corre hacia el lago y cuando esto brille pronto estarás a salvo. —¿Cómo? No-no entiendo. Pero en eso escuché una patrulla cerca y a varios oficiales hablando de un hombre que secuestró a un niño. —Ya no hay tiempo para dudas—dijo amarrando el colgante a mi muñeca—. Si quieres salvar a tu hijo tienes que huir, pronto estarás a salvo. ¡Ahora, vete! Sentí nuevamente una descarga de adrenalina en mi cuerpo, era todo o nada. Salí corriendo hacia el final del callejón decidido a proteger a Sora. Si esa mujer los había convencido de que era la víctima y yo era el secuestrador, entonces no sólo nos separarían sino que me encerrarían para siempre y le darían a Sora. Corrí y corrí sin detenerme, todo esto era demasiado confuso y aterrador, ni siquiera sabía lo que estaba haciendo. ¿Por qué le hacía caso a esa persona? ¿Qué se supone que iba a hacer? Salí hacia una calle amplia e iluminada, sin gente en los alrededores y pocos vehículos, en eso vi lo que parecía ser la entrada de un parque así que crucé la calle apenas la luz del semáforo cambió a rojo. Entré sintiendo un enorme alivio oliendo el aroma del césped y mis pies descalzos apenas podían creer que estaba moviéndome libremente, seguí corriendo hasta ver un pequeño lago, pero no veía algún lugar donde pudiera encontrar un hospital o pudieran revisar al Sora. —Todo va a estar bien—le decía a mi hijo—. Vamos a estar juntos a donde sea que vayamos, te juro que te protegeré. En eso, el colgante comenzó a brillar mientras llegaba al lago, ¿De verdad estaba brillando? ¿Qué está pasando? —¿Pero qué…? En eso el colgante brilló más fuerte y de la nada un círculo de luz apareció a nuestros pies, eso hizo que Sora despertara y me abrazara asustado. —¡Papá! —Tranquilo Sora, aquí estoy. —¡Alto! Me di la vuelta y vi a varios policías acercándose a nosotros. —¡Suelta al niño y levanta las manos!—gritó uno de los policías. —¿Qué? No…¡Están equivocados!—les grité desesperado—. ¡Yo acabo de escapar de esa mujer! No me moví del sitio porque no quería que me dispararan ¿Acaso no veían esa luz rara? Pero antes de que pudiera hacer o decir algo, sentí que estaba cayendo hacia alguna parte y sólo vi que entraba al círculo, el colgante se rompió y los fragmentos se convirtieron en luces que entraron en mi cuerpo, traté de gritar pero sólo pude aferrarme a Sora mientras seguíamos cayendo. ¿Qué está pasando? ¿Acaso había algún agujero y ahora estaba cayendo hacia las alcantarillas? Pero entonces…¿Por qué seguía cayendo? ….Por favor… ¿Eh? ¿Una voz? …Por favor…Detenla…¡Detén este ciclo interminable! ¿Quién…? ¿De qué está…? Siento que me voy a desmayar… ____ (Pv Narrador) Daniel y Sora se desmayaron mientras el portal los transportaba a otro lugar, muy lejos de esa mujer, de la policía, de aquel sótano que tanto los atormentó e incluso de su propio mundo. Ajenos a lo que les sucedía, eran arrastrados a ese lugar mediante un haz de luz que los habitantes contemplaban, perturbando la paz de la ciudad y sus alrededores. Los habitantes miraron el cielo por unos segundos, incluso los niños más pequeños señalaban la luz muy emocionados. —El nuevo héroe ¿no? —A ver si este cumple con su deber. —¿Deber? Yo sólo quiero que traiga algo útil. En alguna parte del bosque del Oriente, una joven le servía el té a su acompañante antes de mirar la estela de luz desde la ventana de su cabaña. —¿Eh? ¡Mira Peu!—exclamó la chica—. Parece que han invocado a otro héroe. —Si, mmmm veamos…creo que debe ser el número 100—dijo su compañero con una voz rasposa y gruesa. —¿Tú crees?—preguntó la chica—. Me pregunto qué clase de héroe será, ¿Crees que traiga alguna de esas máquinas mágicas? —Hel, es un héroe traído por los humanos—gruñó Peu—. Seguramente le llenarán la cabeza de tonterías en el templo y se pondrá a matar monstruos porque sí, así como lo hizo la última heroína. Ella suspiró derrotada. —Tienes razón, supongo que tampoco podrá ayudar con el problema de mi padre…aunque tengo curiosidad por saber cómo será. ____ En la costa Sur, en una casa oculta bajo el agua, una chica con una flor en el cabello miraba desde unos prismáticos el haz de luz. —¡Ah coño!—exclamó la chica antes de bajar unas escaleras—. ¡Héctor! ¡Héctor! ¡Trajeron un nuevo héroe! Se escuchó un golpe seco. —¡Ay! ¡Coño, Maya! ¡Estaba limpiando la cocina! Un chico moreno se asomó molesto sobándose la cabeza. —Lo siento, pero mira—Maya señaló los prismáticos—. Parece que ya trajeron al héroe 100. —¡Ah chingá!—el chico corrió y miró por los prismáticos—. ¡Híjole, es verdad! A ver si este nos ayuda con el wifi. —No lo creo—rió la chica—. Pero será divertido ver qué trae nuevo, podemos ir estos días a la ciudad a ver qué onda. —Buena idea. ____ En un castillo oculto en las llanuras del este, los residentes señalaban el haz de luz, en una de las ventanas un hombre acunaba a una pequeña niña de dos años que dormía plácidamente. —Una vez más invocan gente cada diez años—comentó sin dejar de acunar a la niña—. Bueno, no es algo que nos afecte, siempre y cuando no vengan a molestarnos. ____ En un río cerca de la montaña, dos chicos miraban el haz de luz. —¿Otro héroe? ¿Tan rápido?—preguntó un hombre rubio. —No te extrañe, desde hace varias décadas traen gente aunque no haga falta—dijo un chico oculto por una capa negra. —Jeje tal vez debemos darnos una vuelta cerca de la ciudad, a ver si al menos vale la pena—rió el chico rubio mostrando sus colmillos. —Eso si no vas a molestar a tu novia por milésima vez—se quejó el otro chico. ____ En el bosque cercano a la ciudad, las criaturas miraban por un momento la luz antes de seguir su camino, en eso un enorme cuervo alzó el vuelo y recorrió el río adentrándose más en el bosque hasta llegar a una cueva. —Maestra Risha, han invocado al nuevo héroe—dijo el cuervo con una voz masculina. —¿Eh?—una mujer con una capucha que cubría su rostro lo miró—. ¿Lo dices en serio? ¿Significa que es el…?— contó con los dedos y susurró para sí misma antes de alzar la voz—. El número 100 ¿No? ¿Crees que este sí sea hombre? —No estoy seguro, sólo alcancé a ver el haz de luz proveniente del templo—contestó. —Mmmmmm bueno, entonces, vayamos a la ciudad tan pronto termine este trabajo—dijo tomando algunos frascos con diferentes ingredientes dentro mientras el cuervo se subió a su hombro—. Ojalá que sí lo sea, necesito ver si tiene pene. —Maestra Risha—se quejó el cuervo. —¿Qué? lo necesito para mis técnicas—bufó la chica. —Cómo diga. ____ (Pv Daniel) —¡Ha llegado! — ¡Finalmente ha llegado el héroe número 100! Cuando abrí los ojos estaba boca arriba en una extraña habitación totalmente blanca, el techo era altísimo con pilares blanco que se alzaban alrededor de mí. ¿Qué? ¿Una iglesia? Me levanté torpemente sujetando a Sora que me abrazaba mientras miraba todo igual de confundido que yo. —¿Dónde…?—mi cuerpo estaba entumecido y traté de levantarme pero en eso comencé a escuchar voces a mi alrededor…voces femeninas. — ¿Eh? Oh vaya. —...Es…un hombre. —Eso parece. Cuando al fin pude enfocar la vista me di cuenta que había varias mujeres vestidas de blanco a mi alrededor. Mujeres…. De nuevo mi cabeza comenzó a dar vueltas y también me faltaba el aire, abracé a Sora en un intento desesperado por protegerlo y al mismo tiempo luchaba por calmarme. —¡Bienvenido, héroe!—exclamó una de las chicas que tenía el cabello rubio, piel blanca y sus ojos eran de un color violeta con una sonrisa que debería ser amable pero para mí era aterradora—. ¡Has sido invocado para proteger esta tierra sagrada! ¡Gracias por acudir a nuestro rescate! ¡Eres el héroe número 100! ¿Qué? ¿Qué está diciendo? ¿Héroe? —Por favor, recibe esto en agradecimiento—dijo acercándose a mí con una bolsa—. Lo llevaremos al Gremio de los Aventureros para recibir tu arma y conocer tu poder—cuando se acercó más retrocedí asustado, lo que la sorprendió—. Esto…sé que todo esto es confuso al principio, le aseguro que le explicaremos los detalles con más calma…Ehmm…¿Entiendes lo que digo? ¿El hechizo salió mal? —.....La…La entiendo—susurré mirando por todas partes—. Pero no sé de qué me habla ¿Héroe? ¿Hechizo? En primer lugar ¿Dónde estoy? ¿Qué pasó con la policía? ¡Y más importante, necesito un hospital! Las chicas comenzaron a hablar entre ellas y se alejaron de mí. —Esto…se supone que la Diosa de la Sabiduría habló contigo y te ofreció un don para venir aquí—dijo la chica incómoda—. Tú…eres nuestro héroe que debe derrotar al Rey Demonio…ya sabes…como se te informó. —¡A mí no me dijeron nada!—grité aterrado—. ¡Se supone que alguien iba a ayudarme a curar a mi hijo! ¡No a…venir a otro lugar para…lo que sea que quieran hacer conmigo! ¡¿Dónde hay un médico?! La chica me miró molesta y se acercó a mí para darme esa bolsa haciendo que me diera un ataque de pánico. —Mira niño, yo estoy pasándola peor que tú—gruñó apretando los dientes—. Te transportaré a algún hospital pero más vale que cumplas tu parte, serás un héroe te guste o no. —¡N-No me toques!—grité soltando la bolsa que hizo un ruido metálico al caer al suelo y varias monedas salieron rodando. Me alejé rápidamente de la mujer y de las otras que trataron de detenerme pero una vez más la adrenalina se apoderó de mi cuerpo y sólo pensé en escapar. —¡Vuelve aquí! —¡Espera, Héroe! La salida…. ¿Dónde está la salida? —¡Portal! Mientras corría sentí que caía nuevamente. ¡¿Qué carajo está pasando?! Por suerte no fue tan fuerte la caída, pero ya no podía más…mi cuerpo…pesa mucho… —¿Qué está pasando?—pregunté asustado. —Oye tú, no me dejas pasar. Me di la vuelta y el brillo de la luz del sol me cegó impidiéndome ver nada más que siluetas borrosas, mi mareo empeoró y ya no podía más. —Ayuda…—susurré abrazando a Sora—. Mi hijo…ayuda… Fue todo lo que dije antes de perder el conocimiento. ____ —Daniel, cuando seas mayor serás un gran pastelero. —¡Daniel! ¡Hemos terminado tu pastel de boda! Madre…padre… —Dani…estoy embarazada —¡Dani! ¡Sora se acaba de mover! —¡Sam! Abrí los ojos tratando de llegar hasta ella. Pero sólo había sido un sueño. ….¿Un sueño? Miré a mi alrededor y me di cuenta que estaba en una habitación con paredes de madera, parecía una especie de ático...Ella…¿me sacó del sótano para llevarme a un ático? —¡Sora!—grité aterrado buscando a mi hijo. Miré a mi lado donde había una especie de cuna donde dormía Sora, al verlo sentí un enorme alivio y me levanté a revisarlo. —No tienes fiebre—susurré acariciando su mejilla—. Ay mi pequeño, tuve un sueño muy raro, aunque se sintió muy real…al menos ahora tendrás una cama propia…¿Eh? Me di cuenta de que Sora estaba limpio y no tenía la misma ropa, sino que llevaba una especie de camisa doblada de color azul claro que también se veía limpia. ¿Por qué esa mujer simplemente no se lo llevó cuando enfermé? o mejor dicho ¿Cómo me desmayé si Sora seguramente estaría llorando tan pronto esa mujer lo cargara? Sora abrió sus ojitos y al verme comenzó a llorar, extendiendo sus bracitos hacia mí tratando de abrazarme. —¡Papá! ¡Papá!—exclamó entre lágrimas. —Ya ya, pequeño—le dije cargándolo para tranquilizarlo—, todo está bien…al menos estamos juntos. En eso se escucharon pasos y retrocedí asustado pero, algo no parecía lo de siempre. Esas pisadas…sonaban muy diferentes a las de esa mujer. La puerta se abrió y un hombre enorme de casi dos metros, calvo y de piel muy oscura entró usando una especie de delantal. —Ah, al fin despertaste—dijo tranquilamente—. Llevas tres días inconsciente, tu hijo no paraba de llorar así que tuvimos que ponerlo contigo, costó mucho que se tomara los medicamentos para la fiebre y está muy desnutrido. —¿Q-quién es usted?—pregunté alejándome del hombre. —Yo soy Ur Raven—se presentó—. Dueño del local donde te desmayaste y tuve que cuidarte porque un amigo me lo pidió. —¿L-local? No entendía nada. ¿Qué no había sido un sueño? —Vaya, estás más perdido de lo que pensaba—dijo el hombre—. ¿Dónde crees que estás? —N-no lo sé. —Papá—Sora me abrazaba ya mucho más tranquilo. —Vaya, entonces sí es cierto que eres un héroe—lo dijo con un tono molesto lanzando un largo suspiro mientras se frotaba las sienes—. Adivino, Fuiste invocado desde otro mundo y ahora “debes”—en la última palabra hizo unas comillas con sus dedos—...salvar esta tierra de los “malvados” Reyes Demonio. …Mierda. No fue un sueño. Me acerqué a la ventana y contemplé…algo totalmente diferente. Un pueblo… Una ciudad… Un bosque y montañas a lo lejos. —...Esto…de verdad…¿Es otro mundo? —Vaya, no pensé que estuvieras tan perdido—se quejó el hombre rascándose la calva—. Mira, mejor date un baño y te haré algo de comer, mi esposa está muy enojada y seguramente va a reclamarte por el estado de tu niño. —¿Un baño?—pregunté sorprendido. —Si, hay un baño justo al lado—dijo abriendo la puerta y señalando—. Realmente parecías un mendigo y me diste un susto cuando te trajeron, lo bueno es que tu cuerpo ya se ha adaptado a este lugar, también tu ropa estaba bastante dañada, toma la que quieras de ese armario, mi esposa también puso ropa para el niño, así como pañales de tela, lo que tenía parecía estarle haciendo daño. —Gra…gracias—dije acercándome a la puerta. No tenía seguro, ni cadenas… Realmente podía salir de la habitación. —Bueno, yo tengo que abrir el local—dijo tranquilamente—. Cuando estés listo, sólo baja las escaleras. Bajar las escaleras…Salir Puedo salir de aquí. Cuando Ur se fue, comencé a llorar de felicidad. Se acabó. Estoy a salvo. Nunca más volveré a ese sótano. —¿Papá?—Sora me miraba preocupado y yo le sonreí acercándome a la ventana. —Mira Sora—dije entre lágrimas—. Ese es el cielo, allá al fondo esas cosas grandes se llaman montañas—señalé—. Y esas cosas largas se llaman árboles ¡Estamos en un pueblo!—lo miré muy feliz—. Apuesto a que hay muchos puestos de comida, tiendas de ropa ¡Y muchos dulces! —¿Duce? —Si, mi amor—dije besando sus mejillas—. A partir de ahora vamos a vivir aquí—él me miró extrañado—. Nunca volveremos a ese lugar, no pasaremos hambre o frío, somos libres ¡Estamos a salvo! —¿No veja mala?—preguntó como si entendiera que todo lo malo había sido por culpa de esa mujer. —Así es, ya no más vieja mala—sonreí—. No sé cómo es este lugar, pero cualquier cosa es mejor que estar encerrado ¡Vamos a pasarlo increíble! Sora comenzó a reír ahora más tranquilo mientras lo besaba una y otra vez. Después fuimos al baño, no podía creer que había una ducha y una tina para bañarnos, muy emocionado le quité la ropa a Sora y después la mía para abrir la llave. Estuvo un poco fría al principio, pero luego salió caliente. Giré las llaves hasta que la temperatura era adecuada para Sora y nos metimos a bañar, el aroma del shampoo y el jabón era maravilloso, nada que ver con el que nos dejaba esa mujer cada tantos días porque “olíamos fatal”. Sora estaba tan feliz que reía divertido al ver tanto jabón sobre nosotros, yo reía con él y en poco tiempo nuestras risas invadieron el baño. Mientras salíamos y buscaba ropa para nosotros pensaba en qué hacer a partir de ahora, iba a disfrutar al máximo cada minuto de mi vida. —Ese hombre dijo que alguien le pidió que me ayudara—recordé mientras vestía a Sora—. Tenemos que darles las gracias. —¡Chi!—exclamó Sora. Sonreí y lo tomé en mis brazos para dirigirme a las escaleras. …Ahí abajo había más personas. Seguramente había mujeres. ¿Estaré bien? —No te pongas payaso, Daniel—pensé sacudiendo mi cabeza—. Estarás bien…Sam, por fin vamos a vivir, no sé lo que me espera aquí pero ahora, te aseguro que le daré una vida segura y tranquila a Sora—respiré profundo pensando por primera vez en mucho tiempo sentí que era el Daniel White de aquella época—...Didi entra en escena. Y reuniendo todo el valor que podía, bajé las escaleras.
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