Al día siguiente Francia, Oradour-sur-Glane Bruno Los pocos recuerdos que poseo de mi difunta madre están teñidos de sombras, como fragmentos de un sueño que intento reconstruir. Pero entre todos ellos, hay algo que permanece tan nítido como si lo hubiese escuchado ayer: una frase que repetía constantemente, casi como un himno a marcar mi vida. Decía: "El amor no se busca, no se exige, no se condiciona. En su lugar, nace y se entrega sin medida a quien roba tu corazón." En aquel entonces, no entendí el alcance de sus palabras. Para mí, eran solo ecos de algo demasiado grande, demasiado complejo para un niño que apenas comenzaba a explorar el mundo. Me preguntaba por qué insistía tanto en repetírmelo, por qué aquella verdad parecía tan urgente en su voz, pero supongo que tenía razón.

