El olor a café me despertó, estirando mis piernas abrí poco a poco los ojos. Me sentía fatal, la cabeza me daba vueltas y el estómago no dejaba de producir arcadas, mire la taza de café que estaba frente a mí rosto y fui subiendo la mirada. Isabel me sonrió. –Buenos días– tomé la taza que me estaba ofreciendo y me senté en el sofá. Ella no parecía afecta por nuestra rumba de anoche, se veía refrescante y como si acabará de darse una ducha. –Buenos días– le di un trago al café, estaba delicioso y me sentó bien. Hice un sonido de aprobación. – Pensé que lo necesitabas. –Ay, no– gemí, toda clase de recuerdos me llenaron la mente– no me digas que todo lo que recuerdo es cierto. –ella se sentó a mí lado en el sofá y sonrió entre dientes. –Pues sí, si recuerdas que fue difícil bajart

