Me apoye de la pared para tratar de tranquilizarme, estaba hecho un lio, no podía pensar en las últimas horas de mi vida y como toda aquella felicidad que había sentido se escapó tan deprisa, ¿Qué iba hacer ahora? No podía entrar ahí y mirar a Isabel a los ojos. Estaba desesperado y asustado al mismo tiempo. No supe cuánto tiempo me tomo parecer tranquilo y tener el valor de tocar la puerta, sentí que era lo corrector. Ella abrió toco tiempo después, iba en ropa deportiva y con el cabello suelto, parecía pálida, como si no hubiera tomado el sol por días. –Hola– la salude, ella me dejo pasar sin decirme nada. –¿No tienes tus llaves? – la escuche cerrar la puerta. –Sí, pero pensé que no era correcto utilizarla. Esta ya no es mi casa. –Todas tus cosas siguen estando aquí, por lo que s

