Querido, hijo. Lamento tanto que estés leyendo esta carta, porque de ser así, es que ya no estoy con ustedes. Pensar en eso ahora me causa un terrible dolor, quería estar a tu lado más tiempo, lo que me da paz ahora es que te vi convertirte en un adulto, hubiera preferido seguir aconsejándote hasta el final de los tiempos, pero una cosa hay que entender, es que nuestro tiempo en la tierra es ilimitado. Antes de conocer a tu madre pensaba que vivía, ahora me doy cuenta de que nunca me sentí más vivo, porque, aunque la enfermedad se ha encargado de llevarse todos mis recuerdos y pensamientos, sé que estoy viviendo, porque tengo todo lo que siempre quise; una familia y que familia tan hermosa hemos construido, por eso necesito que seas fuerte por mí, por ti, por tu madre y por tu hermana. A

