Realmente le importaba o solo era el miedo a estar solo, y conmigo encontró lo que quería. Con su mentalidad, no sabía qué quería. Me daba lástima; sentía pena por él. Tal vez se comportaba así porque nunca recibió amor en su vida, y la única forma que aprendió fue a la fuerza. —No me dejes aquí... Llévame contigo... Si un día te vas... Llévame, a donde vayas iré contigo —murmuró con miedo, lo decía como si estuviera encarcelado y encadenado. Lo odiaba y a veces no; ganas de huir me daba, pero aquí estaba, consolándolo y tranquilizándolo como a un niño. —Está bien... Eso no va a pasar, no me voy a ir... No vayas a llorar, te están viendo todos tus empleados, ¿qué van a pensar de ti? —Enterraba su rostro en mi cabello, oliendo mi aroma y abrazándome con más fuerza. —No me importa... Lo

