Su estado vulnerable me hizo feliz, me reí de ella con fuerza, burlandome de su debilidad y estupidez por no darse cuenta de mi cometido al haberla drogado todo por dejarse llevar por su sed de venganza.-¿Qué pasa...?, no qué hasta aquí iba a llegar-. Me miraba con tanto odio cosa que me deleitó, quería moverse pero no podía y eso más la enfureció. - Maldito imbécil, me drogaste, por eso me hablabas para matar tiempo y me hiciera reacción -. Me límite a sonreirle macabramente y tocar su cuerpo a mi antojo, ya no podía hacer nada para defenderse, toque sus piernas, sus pechos tan suaves qué no pude resistir a no poder sus pezones, con mi lengua jugueteaba con ellas sin quitarle la mirada a su rostro para ver su expresión, contenía sus gemidos y reaccionar a mis toques. - Ya no me toques

