“Soportad esta calamidad, no sea que os venga otra mayor.” Fedro. Salomé no sentía otra cosa distinta a un revoltijo de malas sensaciones, el estómago convertido en una tormenta con ganas de ser escupida y su mente intentando vagamente procesar todo mientras corría con la rapidez de una madre puma en busca de su minino en peligro. Más atrás de ella avanzaba el nervioso hombre de ojos color marrón y cejas pobladas como quién quiere atrapar a su perro antes de cruzar una calle atestada de carros veloces y detrás de él el más silencioso de los dos, igual de preocupado pero sin mostrar el interés de arriesgarse por algo que ya no tenía remedio. Igual que Bella Swan corriendo entre personas de rojas túnicas para lograr evitar que Edward Cullen cometiera un error catastrófico en Luna

