“La paz será mi puerto, mi gloria, mi recompensa, mi esperanza, mi dicha y cuanto es precioso en el mundo.” Simón Bolívar. Ya habían acontecido cuatro años, Ferguson sentía que estaba en una pesadilla interminable. Phiutad por otro lado no dejaba de entrarse a puños con quién lo desafiara, terminando como siempre con los ojos morados y los labios destruidos. Para su desgracia, aún no había tenido el infarto que tanto deseaba para terminar de una vez con todo aquello, en cambio seguía allí, tan vivo y sensible como desde siempre. Sintió de pronto que no era nada más que una pluma dentro de aquel incómodo uniforme naranja, la comida ya le daba igual, así como las diarias duchas de agua helada o las constantes amenazas provenientes de todas partes, la indiferencia de los guardias y
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