“Si no tapas los agujeros, tendrás que reconstruir las paredes.” Proverbio africano. En el reclusorio de alta seguridad en Tierra Dorada, así como a todos los reos les lucía, el uniforme naranja hacía ver el cuerpo de Phiutad como la cáscara de una mandarina, su rostro estaba casi gris de la rabia y sus ojos abiertos como platos bajo un fruncido ceño. A cada momento se repetía internamente la interrogante de que cómo era posible que aún no hubiera sufrido un infarto debido a tanta ira provocada por el encierro y las limitaciones. —Los voy a matar a todos cuando salga de aquí —prometió en un gruñido hacia el guardia que estaba del otro lado de la reja, fuera de la celda. Phiutad intentó inútilmente sacudir los barrotes con sus manos pero el sacudido era él—. Y tú serás el primero en

