César tuvo que hacer un gran esfuerzo para cerrar la puerta de su habitación dejando a Mariana afuera, se estaba volviendo loco de rabia, de celos y de vergüenza por haber caído en las mentiras de una jovencita de apariencia angelical. Aunque le costara reconocerlo, sentía su orgullo de hombre experimentado totalmente pisoteado. Se metió a la ducha para bajarse la calentura que le provocaba esa mujer, nunca pensó que podía llegar a desear tanto estar con alguien como con ella, que lograba que sus ganas se pusieran duras con solo una sonrisa. Por un momento deseó salir corriendo tras ella, para que calmara el fuego que había despertado, pero no lo hizo por lealtad a su amigo. Después de ducharse salió del hotel, tenía que hacer algo para distraerse o se iba a volver loco, así que tomó el

