CAPÍTULO TREINTA Y SEIS A la mañana siguiente, Sophia entró y se sentó junto a la cama a bordar una hermosa funda de almohada de lino. —Para Madeleina —dijo, levantándola para que yo la viera. El centro no tenía nada, pero alrededor del perímetro había diminutas flores de color rojo, azul y verde. Continuó cosiendo. —Gracias —le dije a su coronilla. Levantó la mirada. —Por venir. Sonrió. —Prego, Dana. —Me acarició la mano. Mientras Sophia cosía, mis pensamientos volvieron a Julian. Quería verlo, pero todavía estaba adormecida y cansada. Sentía que algo había cambiado en mí, pero aún no sabía qué. —Sophia —me dirigí al pelo entrecano de su cabeza inclinada. Levantó la vista, pero esta vez dobló la funda de almohada y la dejó con cuidado sobre la cama. Cogiendo mi mano entre las suy

