Narrado por Etienne Aisha no exageraba al decir que su pueblito era la viva imagen de un pueblito perdido en la nada. Porque lo era. Había una sola plaza, una sola iglesia, el puerto más cercano quedaba a una hora, la estación de buses igual, y el hospital más cercano me dijeron que casi 3 horas. ¿Si ella estaba embarazada cómo podía estar en un sitio así? Yo necesitaba con desespero que Aisha me dijera qué ocurrió en realidad. Sabía que una prueba de ADN me podría decir la verdad acerca de la paternidad de ese niño, pero quería creer con fervor la versión conspirativa que Patricia me había afirmado. Hacerlo implicaría que verdaderamente su confesión en la iglesia fue una mentira dicha para herirnos a todos. De las tres cajas de condones restantes de Aisha, las tres estaban saboteadas

