Cuando esas dos alimañas se fueron por donde vinieron, sí, entraron, entregaron la tarjeta y se fueron porque supuestamente solo “pasaban por allí”. No teníamos nada que hacer en ese sitio. Patricia se despidió con un beso en la mejillas y diciéndome al oído “tenemos que hablar con seriedad Aisha”, para mi sorpresa no en son de regaño, sino de mano amiga. Lo cual sería lo más considerado para mi persona en la siguiente hora porque esta estuvo compuesta por un incómodo viaje en bus de regreso, en donde ni Etienne, ni yo cruzamos palabra y en una pelea inevitable al llegar al departamento. ─ ¿Es que no tienes ni una pizca de dignidad Aisha? ¡casi lloras cuando tu ex te restregó a su prometida en tu cara! ─ grita Etienne molesto. ─ ¿Y por eso tomaste la invitación? ─ agrego agotada.

