–¡Jaen! ¡Jaen! –La Clorux permanecía montada sobre el cuerpo inconsciente del humano sosteniendo su cabeza–. ¡Mike, Jaen está mal! –Scarlet se veía sumamente desesperada. Mike tomó la mano de Jaen y colocó su dedo en su pulso: este estaba acelerado. –Ha inhalado niebla venenosa. –Entendió apretando uno de sus puños–. ¡Maldición! ¡Fehila y ahora Jaen! –¿Qué hacemos? –Preguntó Hide mordiendo su labio inferior. –Debemos llegar al Castillo de la Tormenta y esperar que el Rey John tenga clemencia de nosotros. –La sugerencia de Michael era su única alternativa. –¡¿Cuánto tiempo tenemos?! ¡Jaen está mal! –¡Lo sé! –Gritó Mike al escuchar a la peliverde. Dio un suspiro para continuar–. Lo se… tenemos dos horas antes de que Fehila y Jaen dejen de

