Encuentro Indeseado (Parte II)

1397 Palabras
    –¿Quieres dejar de jugar ya, Arioto? –Mei estaba cruzada de brazos, tamborileando sus dedos mientras observaba lo ocurrido–. Si no te das prisa, mi ama se enfadará.       –Todo se ha terminado, Mei. El veneno de los leones verdes es mortal.       –¿En serio? –Respondió en forma sarcástica, soltando una carcajada–. ¡No seas ridículo! ¿En verdad crees que todo lo que han hecho sus mininos ha dañado a Arioto? Sigues teniendo la mente de un humano, Hide. Eso traerá tu perdición. ¡Arioto!       Arioto soltó un gruñido en el momento en que parecía recubrirse con oscuridad totalmente. Los músculos del lobo comenzaron a crecer, convirtiéndolo en una especie de bestia devoradora. Su tamaño se incrementó, dejando en ridículo la estatura de Lynch y Lorelay. Con un par de pasos se acercó a sus oponentes, abriendo grietas en el lugar donde pisaba. Abalanzó su cabeza mostrando sus colmillos listos para devorar...       Scarlet sintió un extraño peso sobre ella. Sus ojos permanecían fijos en el ataque de Arioto, este se lanzó sobre los leones… sin embargo, de forma extraña el lobo quedó a milímetros del par de leones. Estos parecían listos para contraatacar, pero ninguno se movía. Mei movía los ojos de un lado a otro sin poder mover un solo musculo y era lo mismo que ocurría con Hide y Scarlet. Parecía como si el tiempo… se hubiera congelado.       –¿Que está pasando? –Decía Scarlet entre dientes sin poder comprender la situación.       –No tengo idea...       –Debo admitir que es entretenido verlos matándose unos a otros.       Una voz masculina rompió el silencio que había en el lugar. Del cielo descendió lo que parecía a una persona. Llevaba una cabellera de color blanco y una expresión de diversión en su rostro. Sus ropas ralladas iban contrastando el rojo y n***o. No poseía rasgos inhumanos como todas las razas. Parecía un chico humano común, a excepción del hecho de que permanecía suspendido en el aire a milímetros del suelo. Pasó su mano por su frente, apartando los cabellos que tapaban sus ojos.        –¿¡Quién diablos eres tú?! –Exigió saber Mei.       –Una pregunta interesante... –Respondió el chico–. Y créanme que desearía conocer la respuesta. –Su mirada se movió hacia Scarlet y Hide, haciendo un gesto de decepción–. No está aquí el chico que estaba buscando... es una pena.       –¿Por qué el tiempo se ha detenido? –Inquirió Hide.       –Porque no está bien que los portadores de las piedras se maten unos a otros.       –¡Tú no eres quien para decir que está bien y que está mal! –Mei estaba furiosa.       –Pues... eso suena como el trabajo de Dios ¿no crees, chica oscura? –El peliblanco le miraba de rejo mientras jugaba a los malabares con tres pequeñas piedras–. No me agrada que los esbirros peleen entre sí. Mucho menos con la enorme desventaja en la que se encuentran los leones reales de viento. Es obvio que morirán por Arioto.       –¿¡Quieres dejarnos en paz y largarte de aquí?! –Le interrumpía su impecable plan de asesinato y aquello era simplemente inoportuno para ella.       –Hide Micklovich... –Añadió el extraño joven ignorando a Mei–. Te he estado observando. No es común que los humanos frecuenten este mundo...       –¡Pero llegan e intentan alterar nuestra paz! –Soltó Scarlet mirando con ira a Mei.       –Tan triste... pero tan cierto. El hacerse con el poder es el mayor deseo de los humanos. –El peculiar chico volvió a su asunto–. Tu poder ha incrementado desde que llegaste a Ashura, Hide.       –¿Ashura?       –Es el nombre de este mundo. –Y, por segunda vez consecutiva el peliblanco cambió de tema de forma abrupta–. Venia buscando a tu amigo, pero al parecer no está. Jaen Kuze.       –¿Qué quieres de Jaen? –Reclamó Scarlet quien tampoco parecía muy conforme con su presencia.       –Me temo que por ahora, solo será con él. Mei, sus acciones no están bien. Puede que en un tiempo hayan tenido buenos ideales, pero se han corrompido. –Sentenció el extraño sin mirar a la rubia–. Terminaré esta absurda pelea antes de retirarme. Ha sido un placer conocerte, Hide Micklovich. –El misterioso chico desapareció de la vista de ambos, el tiempo volvió a su curso, pero, para la sorpresa de los dos, no estaban ni Mei, ni Arioto.       –¿Quién era ese tipo? –Scarlet respiraba entre jadeos.       –No lo sé... pero parece que está de nuestro lado. –¿Era eso cierto? Ni siquiera Hide podía estar segura.       –No lo creo. ¿Qué quiere de Jaen?       –No me lo preguntes a mí. Estoy tan confundido como tú. –El pelinegro acarició la melena de su mascota como gesto de aprobación por su valentía–. Lynch, puedes regresar.       –Tu igual, Lorelay. Has hecho un gran trabajo.       Un fuerte silbido proveniente de un ave llegó a los oídos de ambos, haciendo que estos miraran hacia el origen del sonido y quedaran paralizados al ver de lo que se trataba.       –Es... es... el fénix del hielo. –Scarlet notó que su voz tembló.       –¿Fénix? ¿De hielo? –¿Hasta cuándo Hide tendría que recibir noticias inesperadas de ese mundo?       –Si Arioto era peligroso... esta nos matará. –La peliverde tragó saliva–. Pero ¿qué hace aquí? Nunca había salido de su hogar.       –¡Hide! ¡Scarlet! –Una voz conocida para los oídos de ambos.       –¿Ese es...?       –Jaen. –Continuó Hide–. ¡Es Jaen!       –¡¿Está montando al fénix del hielo?! –Incluso luego de gritarlo era una noticia que no resultaba fácil de procesar.       Fehila descendió al suelo, exhibiendo su hermoso plumaje ante los dos chicos que parecían petrificados. Jaen bajó de esta halando consigo a Mike, mirando a todos lados. Al parecer no había ningún peligro cerca.       –Fehila, puedes regresar.       –No dudes en llamarme si es necesario. –La fénix se desvaneció como escarcha helada.       –Debo decir que es genial viajar en un fénix. –Comentó Mike sacudiendo sus ropas y acomodando su cabello.       –¡¿Tu... tu esbirro... es... el fénix de hielo?! –Scarlet seguía aturdida. Parecían ser una sorpresa tras otra.       –Es mi aliada. No mi esbirro. –Aclaró el pelimarrón mirando a los lados–. Pero sí, me ayudará cuando la necesite. ¿Qué ha pasado aquí?       –Incluso yo no termino de asimilarlo. –Comenzó el príncipe ignorando la pregunta de Jaen ya que claramente todo estaba en orden–. Un ser tan feroz en manos de un débil humano... que injusto. –El chico lanzó una mirada de desprecio al oír las palabras de Mike.       –Jaen... –Comentó Hide inseguro y algo triste–. Hemos visto a Mei...       –¡¿Mei?! ¿Dónde está? –Los ojos cafés del chico brillaron con ilusión.       –¿Mei es la zorra que manipulaba a Arioto? –Inquirió Scarlet dejando salir un bufido, a lo que Hide asintió–. La mataré.       –Dijo ser la segunda al mando después de la mujer que está robando las gemas. –Continuó Hide.       –¿Qué?       –Poseía un fragmento del Cuarzo de la Noche.       –¿¡Te das cuenta de lo que estás diciendo!? –Jaen no podía creer algo tan falso como eso. ¡Mei era su mejor amiga!–. ¡Mei no haría algo como eso!       –Pero lo ha hecho, niño humano. –Interrumpió Scarlet–. No sé quién que es esa chica para ustedes, pero no le importó la supuesta amistad. Solo quería nuestros fragmentos de la esmeralda. Y su esbirro es muy fuerte. Arioto, el lobo de las sombras.       –¿¡Arioto!? ¡¿Han capturado a Arioto?! –Preguntó Mike alarmado.       –Sí.       –¿Cómo demonios se han deshecho de una fiera como lo es Arioto? –El príncipe tragó saliva con ojos bien abiertos.       –He allí el otro extraño suceso. –Scarlet y Hide comenzaron a hablar y contarle todo lo ocurrido a los recién llegados...  
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