La noche estaba fresca, el aire cortaba un poco en la piel. No podía dormir, por más que lo intentara. Mi cabeza no dejaba de repasar una y otra vez lo que pasaría mañana. Me apoyé contra la baranda del balcón, dejando que ese viento frío me despeje un poco las ideas. Mañana. Se rompe el vínculo. Debería sentirme libre, ¿no? Aliviada, tal vez. Llevaba tanto tiempo esperando esto… pero en vez de eso, sentía un hueco en el pecho. Y unos nervios que no me soltaban. Todavía recuerdo esa sensación de quemazón, como si me arrancaran algo desde dentro. Perdí la cuenta de cuántas veces tuve que aguantar el dolor—el castigo que ni era mío. Ese lazo me tenía atrapada como en una pesadilla eterna. Pero alguien logró limpiarlo todo. Lucien. Él fue el primero en tenderme la mano. Me pr

