La habitación estaba demasiado tranquila. No había risa de Scarlett, ni sus enojos, ni siquiera sus regaños cada vez que le pedía que descansara. Siempre estaba agotada, pero igual se forzaba por seguir peleando, por ella, por los demás. Yo solo quería que se detuviera un poco, que se cuidara, pero nunca lo hacía. Y como ya no podía convencerla, simplemente aprendí a estar a su lado, vigilando desde atrás, preparado para atraparla si algún día caía. Eso, para que supiera que sin importar qué pasara, yo la agarraría antes de que se golpeara. La maldita amante de Alexander nunca paraba de mandarle cosas con tal de asustarla y sacarla del camino. Siempre me adelantaba a sus planes, contraatacaba con Scarlett sin que ella se diera cuenta. Pero parece que esta vez fallé… Faye hizo de la

